Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 8 de noviembre de 2014

Curso bíblico: 16. Abrahán (primera parte)


Ya hemos hablado de los diez patriarcas antediluvianos, que se recogen en la Biblia para poner en relación el pueblo de Israel y los otros pueblos de la tierra. Hablemos ahora de los patriarcas de Israel, los antepasados con los que inicia la historia de esta nación: Abrahán, Isaac, Jacob y sus 12 hijos.

Pero recordemos antes que los textos bíblicos que hablan de ellos no son cuentos populares, pero tampoco biografías en el sentido moderno del término. Son narraciones religiosas que se trasmitieron oralmente durante siglos y que recogen algunos acontecimientos históricos interpretados a la luz de la fe de Israel. 

Las distintas tribus tenían diversas tradiciones sobre sus antepasados. En cierto momento, se unificaron sus relatos y se pusieron en relación unos con otros. La redacción definitiva tuvo lugar en el siglo VIII a. C., y sirvió a los autores bíblicos para hablar del proyecto de Dios sobre Israel y sobre todos los pueblos y cómo ese plan de salvación se va realizando en el tiempo, superando las dificultades y oposiciones que van surgiendo a lo largo de los siglos.

La historia de Abrahán se narra a partir del capítulo 12 del Génesis. Su Padre, Téraj, era un Caldeo de Ur (en el actual Irak, cerca del Golfo Pérsico), que tenía tres hijos: Abrán, Najor y Aram. Aram fue padre de Lot y de Melcá (que será la esposa de su tío Najor) y murió joven. Téraj emigró en compañía de Abrán, Saray y Lot a Jarán, donde murió; mientras que Najor y Melcá se quedaron en su tierra materna (Gen 11,27-32).

Como todos sus contemporáneos, Abrahán era politeísta y adoraba al sol, a la luna, a las estrellas y a una gran cantidad de dioses y espíritus que muchas veces eran personificaciones de las fuerzas de la naturaleza.

Encontrándose en Jarán, Abrán escuchó la voz de un Dios desconocido, que le llamó por su nombre y que le dijo: «Ponte en camino y vete a la tierra que yo te mostraré» (Gen 12,1). Un Dios personal que no le comunicó su nombre ni su figura, pero que hablaba con autoridad, dando órdenes y haciendo promesas de bendición. 

Él se fió incondicionalmente de Dios y se puso en camino, a pesar de que no sabía hacia dónde iba. Así se convirtió en padre de los creyentes, de los que confían en Dios y le obedecen incluso cuando todo es oscuro a su alrededor: «Abrahán creyó y esto le fue tenido en cuenta para obtener la salvación. Entended que los que viven de la fe son los verdaderos descendientes de Abrahán... y reciben la bendición» (Gal 3,6ss).

Nota. En inglés escriben Abraham y por influencia de ese idioma algunos también lo hacen en español, terminando en "m" y no en "n", pero la transcripción correcta es Abrahán, como Efraín, Jerusalén, Belén y tantos otros nombres bíblicos.

2 comentarios:

  1. Abrahan Se fio de Dios Cuanta fe me falta Ana Maria

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  2. Hoy buscando en internet, veía una imagen con un cartel del STJ que decía: ponte en camino... me ha interpelado la historia de Abrahán una vez más.
    Conchita

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