Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Curso bíblico: 13. Los relatos de orígenes (Gen 4)


En el capítulo 4 del Génesis se cuenta la historia de Caín y Abel. Eran hermanos, por lo que tenían mucho en común. Pero, al mismo tiempo, eran distintos: uno era agricultor y otro ganadero. Distintos trabajos, distintas maneras de relacionarse con la naturaleza y con Dios, distintas formas de vivir (los agricultores eran sedentarios y los ganaderos eran nómadas).


Estas diversidades podrían haber sido una fuente de riqueza, pero los celos y la envidia terminaron en un acto horrible: Caín mató a su propio hermano. Un acto que, por desgracia, se repite continuamente: Unos hombres matan a otros para ocupar sus tierras, o para apropiarse de sus cosas, o por envidia, o para vender armas... olvidando que todo homicidio es un fratricidio.

Dios pregunta a Caín: «¿Dónde está tu hermano?», a lo que él responde: «No lo sé, ¿acaso soy yo su guardián?». El hermano mayor no se interesa del menor, no se siente responsable de su suerte ni culpable de su muerte. Solo piensa en sí mismo. Esta es la mejor descripción del pecado, que nos lleva a considerar a Dios y a los hermanos como adversarios y no como amigos.

La Biblia explica que el pecado sigue creciendo, ya que un descendiente de Caín, llamado Lamec, inventa la poligamia y la venganza (Gen 4,23-24). Es la locura de los seres humanos alejados de Dios, que en lugar de obedecer la ley divina se guían por sus instintos, de manera que el más fuerte abusa del más débil.

1 comentario:

  1. Señor danos entrañas de misericordia y la paz sera posible en el mundo
    Ana Maria

    ResponderEliminar