Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 29 de octubre de 2014

Curso bíblico: 8. El mundo de la Biblia: Sociedad


La vida en el antiguo Israel era muy distinta a la que hoy encontramos en los países desarrollados. La economía se basaba en la agricultura y en la ganadería. Casi toda la población vivía en pequeños asentamientos, cerca de alguna fuente o pozo y subsistía con los frutos del campo y los productos del ganado. Una minoría se dedicaba a tareas de la administración del estado, al ejército y al comercio.

Los seres humanos no eran considerados todos iguales ni tenían los mismos derechos. Los derechos y deberes de cada uno dependían de su sexo, de su edad y de su familia de proveniencia.

La familia y la sociedad tenían una estructura patriarcal, en la que el padre (y, a su muerte, el hijo mayor) era el dueño de todas las propiedades e incluso de las vidas de los miembros del grupo. 

La mujer era tratada como una posesión de los varones: primero del padre, después del esposo y, por último, cuando quedaba viuda, del hijo mayor. Su puesto en la sociedad y su prestigio dependían exclusivamente del número de hijos que tenía, considerándose una vergüenza la esterilidad. Se aceptaba la poligamia y los matrimonios eran acordados por los padres en el seno del clan familiar.

La esclavitud era aceptada por todos y muchas veces los extranjeros eran considerados enemigos. Los esclavos no tenían derechos. Eran propiedades de sus amos, que podían comprarlos, venderlos y hacer con ellos lo que quisieran. Normalmente eran prisioneros de guerra y sus descendientes, aunque también había hombres libres que vendían a sus mujeres e hijos para pagar deudas.

La riqueza y la fecundidad se interpretaban como bendiciones de Dios a los justos y a sus descendientes, mientras que la pobreza y la enfermedad se entendían como maldición de Dios a los pecadores y a sus descendientes. Cuando esta teoría de la «retribución» entró en crisis, los sabios –a la luz de las enseñanzas de los profetas– buscaron una nueva respuesta a las diferencias sociales, a la responsabilidad personal y a las consecuencias del propio actuar.

Se creía en la existencia de muchos dioses y seres superiores, aunque se adorara preferentemente al dios de la propia tribu, al que se consideraba señor de un territorio concreto. En el siglo IX a. C. el profeta Elías afirmó por primera vez que hay un solo Dios Creador y Señor de todo y que los otros llamados «dioses» no lo son ni tienen ningún poder. Israel asimiló poco a poco esta verdad, que se convirtió en la piedra angular de su religión.

Dios se adaptó a la capacidad de la gente y de manera lenta y progresiva fue clarificando sus ideas, limpiando sus corazones y purificando sus instituciones, abriéndolas a horizontes totalmente nuevos, que no llegarán a pleno cumplimiento hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo en la plenitud de los tiempos (cf. Gal 4,4).

1 comentario:

  1. Y AL LLEGAR LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS MIRIAM, NACIDA DE MADRE ESTERIL Y ANCIANA (ANA) IGUALMENTE ANCIANO SU PADRE (JOAQUIN). NACE DE MUJER EL ANUNCIADO POR UN ISAIAS 7,14. GLORIA A YAHWEH.

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