Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 24 de octubre de 2014

Curso bíblico: 4. El «canon» bíblico


La lista de los libros que componen la Biblia varía entre los judíos (que no reconocen los textos del Nuevo Testamento) y los cristianos (que sí que los aceptan). Pero también entre los grupos cristianos hay una pequeña variación en el número de textos. ¿A qué se debe esto? En primer lugar a que los textos bíblicos eran libros independientes y en pocos sitios se tenía copia de todos ellos en la antigüedad.

La primera lista que conocemos de libros reconocidos como inspirados es la Biblia de «los LXX», que es una traducción al griego de los textos del Antiguo Testamento realizada entre los siglos III y II a. C. Se le suele llamar «canon alejandrino», en referencia a la ciudad egipcia en la que se realizó. Es el texto que usaban en tiempos de Jesús para el estudio y para el culto todas las comunidades judías fuera de Judea e incluso algunas de Jerusalén. Es también el texto que usaban los primeros cristianos y el que citan los autores del Nuevo testamento.

Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., un grupo de estudiosos hebreos se estableció en la ciudad de Jamnia, y hacia el año 95 d. C. acordaron la lista de libros que debían ser considerados inspirados por los judíos. Es el llamado «canon palestino», en referencia a la tierra en la que se hizo el acuerdo y en él se aceptan solo los escritos que se conservan en hebreo y se rechazan los que solo se conservan en copia griega o que fueron escritos directamente en griego: en total trece libros.

En la Iglesia primitiva se aceptó desde el principio la Biblia griega de los LXX y no se hizo caso de estas disposiciones judías. Pero algunos de los libros de la Biblia griega encontraron dificultades para ser aceptados pacíficamente por todos. 

De hecho, cuando a finales del s. IV se tradujo la Biblia al latín en la versión llamada «Vulgata», sí que se intrujeron siete de los libros escritos originalmente en griego (Tobías, Judit, Baruc, Eclesiástico, Sabiduría y los dos libros de los Macabeos), pero se excluyeron otros cinco (los libros primero de Esdras, tercero y cuarto de los Macabeos, libro de las Odas y Salmos de Salomón). 

Así que estos últimos no fueron aceptados en las Iglesias de tradición latina, pero sí en las de tradición griega, permaneciendo algunos de ellos hasta el presente en el canon de algunas Iglesias ortodoxas, que tampoco concuerdan totalmente entre sí.

Aún más difícil fue la aceptación universal de una lista de los libros del Nuevo Testamento, ya que mientras todos aceptaban los cuatro evangelios y las cartas de san Pablo, algunos no admitían el Apocalipsis o la carta a los Hebreos. 

Al mismo tiempo, algunas comunidades también admitían como inspitados textos de época apostólica que en otras iglesias locales no recibían la misma consideración (como el Pastor de Hermas, la Didajé, la Traditio Apostólica, las cartas de san Ignacio de Antioquía o la carta de san Clemente). 

A lo largo del s. IV, con el final de las persecuciones, creció la comunicación entre las comunidades cristianas y se unificaron los criterios, aceptándose casi universalmente el canon que conservamos hasta el presente, que consta de 73 o 74 libros (depende si consideramos la «carta de Jeremías» como un escrito autónomo o como un apéndice del «libro de Baruc»). El Antiguo Testamento está formado por 46 libros y el Nuevo Testamento por 27 libros.

En el s. XVI Lutero rechazó los escritos del Antiguo Testamento que no se encontraban en el «canon palestino» que seguían los judíos. A esos libros los llamó «deuterocanónicos» y no los consideró inspirados, aunque los consideró útiles y los colocó en apéndice en su Biblia. 

Hay otros siete libros del Nuevo Testamento que no excluyó, pero que los consideró de menor importancia que los demás (carta a los Hebreos, carta de Santiago, segunda carta de Pedro, segunda y tercera cartas de Juan, carta de Judas y Apocalipsis). 

En respuesta a la elección de Lutero, el Concilio de Trento confirmó como válida la lista que se seguía en la Iglesia católica desde el s. IV.

Quitando esas pequeñas variaciones, católicos, ortodoxos y protestantes tenemos la misma Biblia, compuesta por los textos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Veamos ahora cuáles son los libros concretos que la componen.

3 comentarios:

  1. Danos Señor tu luz para poderte segir y que nada nos separe de ti Ana Maria

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  2. Hagame el favor en enviarme el nombre del o los libros.

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    1. Los tiene en esta entrada: http://padreeduardosanzdemiguel.blogspot.com.es/2016/02/curso-de-biblia-2016-23-la-biblia.html

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