Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 9 de septiembre de 2014

Versión poética del Cantar de los Cantares (7)

 

Ya he hablado muchas veces del Cantar de los Cantares en el blog y recogido también los seis primeros capítulos de la traducción en verso de fray Luis de León (1, 2, 3, 4, 5 y 6). Hoy les propongo el capítulo siete.

Compañeras

Qué bellos son tus pasos y tu andar,
los tus graciosos pies y tu calzado;
llevas una aljorca por collar,
de mano de maestro bien labrado;
tu ombligo es una taza circular,
llena de un licor dulce, muy preciado;
monton de trigo es tu vientre hermoso,
cercado de violetas y oloroso.
Tus pechos son belleza y ternura,
dos cabritos mellizos y graciosos;
y torre de marfil de gran blancura
tu cuello; y los tus ojos tan hermosos,
estanques de Esebón de agua pura,
que en puerta Batrabín están vistosos;
tu nariz es una torre muy preciada,
del Líbano a Damasco está encarada;
y tu cabeza al Carmelo, levantado
sobre todos los montes, parecía;
y tu cabello rojo y encrespado,
color de fina púrpura tenía.
El Rey en tus regueras está atado,
que desasirse de ahí ya no podía.

¡Oh, cuán hermosa eres y agraciada,
amiga, y en deleites muy preciada!
Una muy bella palma, muy crecida,
parece tu presencia tan preciada;
de unos racimos dulces muy ceñida,
que son tus lindos pechos, desposada.

Dije, yo subiré en la palma erguida,
asiré los racimos de la amada,
racimos de la vid dulces y hermosos
serán tus pechos lindos y graciosos.
Un olor de manzanas parecía
el huelgo de tu boca tan graciosa,
y como el suave vino bien olía
tu lindo paladar, oh linda Esposa;
cual vino que al amado bien sabía
y a las derechas era dulce cosa,
que despierta los labios ya caídos,
y gobierna la lengua y los sentidos.


Esposa

Yo soy enteramente de mi Esposo,
y él en mí sus deseos ha empleado.
Ven pues, amado dulce y muy gracioso,
salgamos por el campo y por el prado;
moremos en las granjas, que es sabroso
lugar para gozar muy sin cuidado.

Muy de mañana nos levantarémos,
y juntos por las viñas nos irémos.
Verémos si la vid ya florecía
y el granado nos muestra ya sus flores,
si el dulce fruto ya se descubría.
Allí te daré yo los mis amores,
la mandrágora allí su olor envía,
y allí las frutas tienen sus dulzores;
que yo todas las frutas, dulce amado,
para ti solo te las he guardado.

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