Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 8 de agosto de 2014

Versión poética del Cantar de los Cantares (4)


Seguimos con la traducción poética del Cantar de los Cantares que realizó fray Luis de León en el s. XVI. Hoy toca el capítulo cuatro. Ya hemos visto los capítulos uno, dos y tres.

Esposo

¡Oh, cómo eres hermosa, dulce amada! 
y tus ojos son bellos y graciosos,
como de una paloma muy preciada,
entre esos tus copetes tan hermosos;
tu cabello parece una manada
de cabras y cabritos, que gozosos
del monte Galaad vienen bajando,
el pelo todo liso y relumbrando.

Los tus hermosos dientes parecían
un rebaño de ovejas muy preciado,
las cuales de lavarse ya venían
del río, el vellón viejo trasquilado,
tan blancas, tan parejas, que se veían
paciendo por el campo y por el prado:
estéril entre todas no la había,
dos cordericos cada cual traía.

Hilo de carmesí bello y polido
son tus labios, y tu hablar gracioso;
tus mejillas a mí me han parecido
un casco de granada muy hermoso;
y ese blanco cuello liso y erguido,
castillo de David, fuerte y vistoso;
mil escudos en él están colgados,
las armas de los fuertes y estimados.

Tus pechos son dos blancos cabritillos
mellizos, que paciendo
están entre violetas tiernecillos,
en medio de las flores revolviendo.
Mientras las sombras huyen
y el día viene reluciendo,
voy al monte de mirra y al collado
del incienso, a cogerle muy preciado.

Del todo eres hermosa, amiga mía,
no tiene falta alguna tu hermosura,
del Líbano desciende, mi alegría,
vente para mí, y esa espesura
del Hermón y de Amán, que te tenía,
déjala de seguir, que es muy oscura,
donde se crían osos y leones
en las oscuras cuevas y rincones.

El corazón, Esposa, me has robado
en una sola vez que me miraste,
con el lazo de tu cuello le has atado.
¡Cuán dulce es el amor, con que me amaste!
mas sabroso que el vino muy preciado.
¡Oh cuán suave olor, que derramaste!
panal están tus labios destilando,
y en leche y miel tu lengua está nadando.

Tu vestido y arreo tan preciado
en su olor al del Líbano parece;
eres un huerto hermoso y bien cerrado
que ninguno le daña, ni le empesce;
fuente sellada, que quien la ha gustado
en el tu dulce amor luego enternece;
jardín todo plantado de granados,
de juncia, mirra, y nardos muy preciados.
Donde también el azafrán se cría,
canela, y cinamomo muy gracioso,
y toda suavidad de especiería,
y áloe, con todo lo oloroso.

Fuente eres de los huertos, alma mía,
pozo de vivas aguas muy sabroso,
que del Líbano bajan sosegadas
y en este pozo están muy reposadas.
Ya vuela, cierzo; ea, no aparezcas
por mi hermoso huerto, que he temor
que con tu dura fuerza me le empezcas,
llevándome mis frutos y mi olor.
Ven, ábrego, que ablandes y enternezcas
mis plantas y derrames el su olor.


Esposa

Venga a mi huerto y coja sus manzanas, 
mi amado, y comerá las muy tempranas.

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