Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 30 de agosto de 2014

Versión poética del Cantar de los Cantares (6)


Seguimos con la traducción en verso del Cantar de los Cantares que realizó fray Luis de León en el siglo XVI. En la entrada que recoge el capítulo cinco hay enlace a cada uno de los capítulos anteriores.

Esposa

Mi amado al huerto suyo ha descendido, 
al jardín de las plantas olorosas;
su ganado en mi huerto ha metido,
para apacentarlo allí entre las rosas,
a solo aquel mi amado yo he querido,
y él también a mí sola entre sus cosas;
a él solo amo yo entre los pastores,
que el ganado apacienta entre las flores.


Esposo

Como Tarsis, mi amada, eres hermosa,
y como Jerusalén, graciosa y bella,
como escuadrón de gente eres vistosa,
y fuerte, mil banderas hay en ella.
Vuelve a mí tu mirada, dulce Esposa,
tu vista me hace fuerza solo en verla,
tu cabello parece a las manadas
de cabras, que de Galaad salen pintadas.
Una manada, linda mía, de ovejas,
me han tus hermosos dientes parecido,
que trasquiladas ya las lanas viejas,
de bañarse en el río han subido,
tan blancas, tan lucientes, tan parejas,
cada cual dos corderos ha parido;
tus mejillas un casco de granada
entre esos tus copetes asentadas.
Sesenta reinas, todas coronadas,
y ochenta concubinas te servían,
las doncellas no pueden ser contadas,
que número ni cuento no tenían;
mas una es mi paloma, y humilladas
todas a mí perfecta obedecían;
única a su madre aquesta fuera,
que otra semejante no pariera.
Las hijas que la vieron la llamaron
la bienaventurada y la dichosa,
reinas y concubinas la loaron
entre todas por bella y por graciosa;
todos los que la vieron se admiraron
diciendo, ¿quién es esta tan hermosa,
que como el alba muestra su frescura
y como luna clara, su hermosura?
Como el sol entre todas se ha escogido,
fuerte como escuadrón muy bien armado.
Al huerto del nogal he descendido,
por ver si daba el fruto muy preciado,
mirando si la viña ha florecido,
y el granado me daba el fruto amado.


Esposa

No sé cómo me pude ir tan ligera,
que mí alma allá en un punto me pusiera.
Carros de Aminadab muy presurosos
los mis ligeros pasos parecían,
y los que me miraban, deseosos
de verme, oh Sunamita, me decían,
vuelve, vuelve esos ojos tan graciosos,
ten tus ligeros pies, que así corrían;
decían, Sunamita, qué miraste,
que como un escuadrón te adornaste.

2 comentarios:

  1. Sientes el amor de Dios, lo tienes, lo pierdes, lo buscas, lo vuelves a encontrar...
    Sabiendo que Él siempre, te ama y te espera.

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  2. El amor que se siente por Dios no se puede escribir y menos el que Dios nos tiene Las letras nos pueden decir algo pero que lejos estamos Del amor humano algo podemos saber Quien ha encontrado el amor de DIOS EN ESTA TIERRA LO TIENE TODO
    Ana Maria

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