Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 18 de julio de 2014

Fascinada por Cristo: Carolina


Carolina terminó cuarto de Derecho en la misma graduación que mis cien compañeros y yo, hace menos de dos meses. Carolina es navarra, de las que usan el ‘ico’ al final de casi todas las palabras, de las que vibran con lo foral, con cada tramo de la ciudadela y con cada adoquín de la Plaza del Castillo. 


La noche de la graduación nos juntamos cuatro amigos en un círculo, Álvaro, Paloma, Carolina y yo. Nos miramos con nostalgia y cariño a partes iguales, sabíamos que terminaba un ciclo, pero que empezaba algo más grande que lo que habíamos vivido hasta el momento. 

Carolina iba a comenzar su tesis doctoral el próximo mes de septiembre, pero le surgió otro evento en agosto. El evento tiene que ver con un monasterio de clausura en el que va a pasar su vida, aunque es precisamente ese verbo el que le lleva a no hacer la tesis. Carolina no quiere ‘pasar’ su vida, ha decidido exprimirla tanto que ha optado por guardar sus sentidos, sus afanes y sus capacidades solo para Dios. 

Carolina es una mujer sencilla, normal y amiga. Amiga de las que marcan, de esas que necesitan poco tiempo para ser un referente no impuesto. A mediados de junio me dijo que teníamos que quedar, que quería contarme una cosa. Me la contó y quedé tan impresionado que le propuse que escribiésemos a modo de entrevista lo que acababa de pasar.

¿Hay contacto real con Dios?
Sí. Hombre, no le voy a ver, ¿sabes? Pero rezando sí hay contacto real con Dios. Aunque eso no solo en el convento, pienso que todo cristiano tiene que tener ese contacto, si no, tendría una forma muy… solitaria de rezar.

¿Qué buscas en el convento? ¿Ser feliz o hacer feliz a alguien?
No entro ahí para buscar mi propia felicidad, eso ya te lo digo, y no creo que nadie lo haga (lo que no quita que tengo la certeza de que voy a ser feliz ahí). Pero tampoco voy para hacer feliz a alguna persona en concreto. A ver, es difícil de explicar, mi entrada y la felicidad de otros no es una relación directa causa-efecto. Yo no busco expresamente que alguien sea feliz; de hecho, probablemente yo nunca vea los “resultados” que busco entrando al convento. Pero sé que desde ahí voy a ayudar a los demás, y eso es lo que quiero.

¿En qué consiste esa felicidad?
No tanto el hecho de que yo entre ahora en un convento, sino más bien el hecho de que existan personas que deciden dejarlo todo para ayudar a gente que no conocen de nada, da un ejemplo a los demás, y quizá una o dos personas (y con eso es suficiente) se paren a pensar un poco, y conozcan cosas que igual nadie les ha enseñado.

Se puede leer la entrevista completa aquí.

1 comentario:

  1. Yo me alegro por ella, porque cuando descubres el AMOR de Dios en tu alma, es la mayor FELICIDAD a la que pueda aspirar una persona. José Mª Celdrán.

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