Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 9 de febrero de 2014

Sois luz del mundo y sal de la tierra



En el evangelio de hoy, Jesús nos invita a ser luz, sal y ciudad fortificada. La luz ilumina, la sal da sabor y la ciudad (al menos en los tiempos de Jesús) era un lugar de paz y seguridad, protegida por las murallas.

Si lo pensamos bien, la verdadera luz del mundo es Jesús. Él vence la oscuridad de la ignorancia y del pecado con sus enseñanzas. Él es también la sal que da sabor y sentido a nuestras vidas, también en los momentos de sufrimiento. Él es la ciudad en la que nos sentimos protegidos y en paz.

Lo que nos está pidiendo es que nos parezcamos a Él, que nos revistamos de sus sentimientos, que amemos con el amor con que Él nos ama, que perdonemos con el perdón con que Él nos perdona, que compartamos con los demás las bendiciones que recibimos de Él.

Es lo que también nos pedía Isaías en la primera lectura, cuando nos invitaba a compartir el pan, la casa y el vestido con los necesitados, cuando nos invitaba a ser acogedores y generoso: "Entonces brillará tu luz", añadía el profeta. ¿Estoy dispuesto a compartir lo mío con los demás para convertirme en luz, sal y ciudad acogedora?

4 comentarios:

  1. No es tan facil ser sal. La sal para dar sabor, tiene que disolverse, desaparecer, y eso solo se puede hacer por amor.
    Pido al Señor que me llene de su amor, por que solo asi, no me costarà tanto disolverme. Fina.

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  2. Pido al Señor que me de valentía para ser un rayito de su luz en medio de esta vida tan complicada con injusticias y egoísmos por doquier.

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  3. Yo le pido al Señor que me utilice Pero antes que me haga docil Ana Maria

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  4. Si estoy dispuesta a compartir lo mio con los demás,pero no lo suficiente como para ser sal,luz o ciudad fortificada.Quiero dejarme amar por El,siendo consciente de ello y que actúe a través de mi. Así lo deseo y así será.
    Me ha gustado el comentario de Fina,sobre la necesidad de que la sal se disuelva.

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