Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 12 de febrero de 2014

¿Qué es la Biblia?


«Las Sagradas Escrituras te guiarán a la salvación por medio de la fe en Jesucristo. Toda la Escritura ha sido inspirada por Dios, y es útil para enseñar, para persuadir, para reprender, para educar en la rectitud, a fin de que la persona religiosa pueda llegar a ser perfecta y esté preparada para hacer el bien» (2Tim 3,15-17). Decimos que la «Biblia» o «Sagrada Escritura» es la «Palabra de Dios» y que en ella Dios mismo nos habla y nos ofrece su amistad, utilizando un lenguaje humano. Pero, ¿cuál es el origen de este libro misterioso? Y ¿cuáles son sus contenidos principales?


Contra lo que se puede pensar, la Biblia no es un libro, sino una colección de 73 libros; de los que algunos son muy largos (Isaías, por ejemplo), mientras que otros apenas ocupan una página. De hecho, «libro» se dice biblion en griego y «libros» se dice biblia. Es lo mismo que la palabra «biblioteca», que nos habla de un conjunto ordenado de libros. 


Los libros de la Biblia no han sido escritos todos de una vez, ni en el mismo lugar, ni por el mismo autor, ni aun en el mismo idioma. Los más antiguos se escribieron hace unos 3.000 años (aunque recogen tradiciones orales anteriores) y los más modernos se escribieron hace unos 1.900. 

A los 46 libros que recogen la revelación de Dios a Israel antes del nacimiento de Jesucristo los llamamos «Antiguo Testamento», y fueron escritos en hebreo (aunque algunos textos en arameo o en griego). La mayoría de los libros del Antiguo Testamento provienen de Palestina, aunque hay textos que se escribieron en otros lugares cercanos, como Egipto y Mesopotamia. 

A los 27 libros que recogen la revelación de Dios después del nacimiento del Señor Jesús los llamamos «Nuevo Testamento», y fueron escritos todos en griego. Los libros del Nuevo Testamento se escribieron en distintos lugares del antiguo Imperio Romano: Jerusalén, Antioquía de Siria, Acaya, Roma, etc.

Tanta variedad de autores y proveniencias, hace que también sean distintos los géneros literarios utilizados. Así, en la Biblia hay textos en prosa y en verso, narraciones históricas y colecciones de leyes, canciones populares y documentos diplomáticos, textos épicos (que cantan las hazañas de un personaje) y lamentaciones (elegías fúnebres), reflexiones de los Sabios para educar a los jóvenes, oráculos de los profetas, cartas, etc. 

A pesar de todo, podemos encontrar una profunda unidad en ellos, ya que todos son «inspirados» por Dios. Es decir, que Dios ha movido la voluntad de los escritores para que nos transmitieran con sus propias palabras el mensaje que Él quería hacernos llegar: «Ninguna profecía de la Escritura procede de la voluntad humana, sino que, impulsados por el Espíritu Santo, algunos hombres hablaron de parte de Dios» (2Pe 1,21).

La Biblia no es un tratado de Historia ni de Ciencias de la Naturaleza, en el sentido moderno, sino que recoge la experiencia religiosa de un pueblo e intenta dar una respuesta creyente a las preguntas fundamentales del ser humano: ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos?, ¿qué debemos hacer para ser felices? Además, ofrece una interpretación religiosa de los acontecimientos de la historia, no quedándose en los meros hechos, sino buscando su significado más profundo. 

No podemos pretender entender a la primera el lenguaje y las imágenes usadas por los autores bíblicos, ya que nos separan de ellos muchos siglos y fueron escritos con mentalidad oriental, amiga de los relatos y de los símbolos. 

Sin embargo, si nos esforzamos por comprender el contexto de la época y los géneros literarios que usan los escritores, descubriremos un mensaje actual y siempre necesario: El misterio escondido de Dios y de su proyecto amoroso sobre los seres humanos, imposible de ser conocido con nuestras solas fuerzas, pero que Él, en su misericordia, ha querido manifestarnos: «Dios me ha confiado la misión de anunciaros su Palabra, es decir, el plan eterno que Dios ha tenido escondido durante siglos y generaciones y que ahora nos ha revelado» (Col 1,25-26).

Para saber más: Catecismo nn. 101-141

4 comentarios:

  1. Muchas gracias por tus "lecciones" de cada día y por el tiempo que nos dedicas. M.A.

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  2. P. Eduardo, recuerdo sus clases de Biblia cuando estaba en Caravaca, si bien ahora es el P. Juan Antonio. Las Sagradas Escrituras nos las tienen que explicar para poder entenderlas en profundidad y con claridad; no las podemos leer como si fuera una novela, pues fácilmente podemos perdernos en su interpretación. Un abrazo. José María Celdrán.

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  3. También me gustan e interesan estas entradas pedagógicas.Gracias por ello.
    Cada día, veo la suerte que han tenido en Caravaca.¡Cuánto han recibido! Por eso son
    tan especiales.
    Un abrazo

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  4. Por mas que te espliquen la Biblia siempre hay cosas por descubrir P Eduardo no se canse de enseñar y para esto le pido a Dios que le de salud Ana Maria

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