Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 14 de febrero de 2014

La veneración de la Biblia


Después de haber hablado los dos días pasados sobre la Sagrada Escritura, aprovecho para responder a una pregunta que me hace una amiga por correo electrónico. Dice así: "En mi grupo de vida apostólica, hace mas de veinte años que veneramos y reverenciamos la Palabra. Y nos acaba de decir un cura que ante la Palabra Entronizada, NO DEBEMOS DE INCLINARNOS, NI MUCHO MENOS ARRODILLARNOS, ¿que opinas tú?". Esta es mi respuesta:


En la Iglesia, la Palabra de Dios merece la máxima veneración, tal como recuerda el Concilio Vaticano II: "La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Liturgia" (
Dei Verbum 21).

En la liturgia, se exige que el sacerdote la bese, la inciense en las grandes ocasiones, sea llevada en procesión, se acompañe de velas, y que se incline la cabeza cuando se imparte con ella la bendición. Incluso, cuando se consagra a un obispo, se hace colocando la Palabra de Dios sobre su cabeza mientras él permanece de rodillas, como se ve en la imagen de arriba. Abajo se ven otras imágenes de papas venerando la Palabra o bendiciendo con ella al pueblo, que inclina su cabeza.


Si podemos arrodillarnos ante las imágenes de los santos y venerarlas con una inclinación de cabeza, cuando solo son imágenes que recuerdan a quien representan, ¿cómo no íbamos a hacerlo ante la Sagrada Escritura que es fuente de salvación para los que la acogen con fe?

No es obligatorio arrodillarse ante la biblia ni manifestar externamente nuestra veneración con reverencias cada vez que pasamos por delante, pero llegar a prohibirlo es algo absurdo. 
Este es el clericalismo del que se lamenta el papa Francisco, el de aquellos miembros del clero que quieren mandar en todo, también en lo que no entienden.




2 comentarios:

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    1. Gracias, querido Eduardo, por aclarar esos puntos de la vida cotidiana cristiana que, a veces, quedan en la sombra o no son del todo entendidos. Gracias por la claridad, por la sencillez, por la rotundidad de la lógica y por la argumentación sintética. Sal y luz en el camino... Fray Nacho de la Vera Cruz

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