Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 8 de febrero de 2014

La revelación de Dios


La Sagrada Escritura afirma que Dios ha tenido una paciencia infinita con los hombres, porque los ama como un padre a sus hijos. Ya antiguamente se manifestó de formas muy variadas a aquellas personas de buena voluntad que buscaron sinceramente su rostro y, de manera progresiva, se fue revelando. 

Eso era una preparación para su manifestación definitiva. Finalmente, en Cristo se ha dado del todo, de manera directa, sin intermediarios: «Muchas veces y de muchas maneras habló Dios a nuestros padres en el pasado, por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos finales, nos ha hablado por medio del Hijo» (Heb 1,1-2). 

La pretensión cristiana es que «al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su propio Hijo, nacido de una mujer» (Gal 4,4). En su infinita misericordia, Dios nos ha hablado. Primero, por medio de mensajeros que preparaban y prometían una revelación más plena. Finalmente, de una manera definitiva, haciéndose uno de nosotros, usando nuestro propio lenguaje para que podamos entenderle.

Estudiando la Sagrada Escritura, descubrimos que Dios se revela, se manifiesta, sale al encuentro de los hombres. Esta revelación tiene unas características:

1. La iniciativa parte de Dios. El hombre busca natural y sobrenaturalmente a Dios como el sentido último de su vida. Las religiones manifiestan esta búsqueda de Dios. Lo que caracteriza la fe de Israel es que Dios busca al hombre, incluso cuando el hombre no lo quiere acoger. Dios «llama», «escoge», «habla», «se manifiesta»... a Abrahán, a los Profetas, al Pueblo... Culminando en la afirmación del Nuevo Testamento: «Se ha manifestado el amor que Dios nos tiene [...] en que Él nos amó primero» (1Jn 4,9-10). Por lo tanto es un don libre y gratuito de Dios al hombre.

2. La revelación es progresiva. Dios no se revela por completo de una vez, sino con un ritmo compuesto de etapas y esperas, de intervenciones y de ausencias... en el que Dios respeta las capacidades del hombre y manifiesta su pedagogía de condescendencia. Dios que sale al encuentro del hombre no lo fuerza, sino que respeta siempre su libertad y sabe tener paciencia infinita con él. 

3. Hay una coherencia interna en la revelación. Aunque se realiza a lo largo de muchos siglos y los libros bíblicos se escriben en varios lugares, por personas distintas, cada etapa presupone a las anteriores y las desarrolla. Los textos bíblicos se iluminan mutuamente y mantienen una profunda unidad interna. Aunque notemos fuertes diferencias en las imágenes, siempre podemos encontrar unos temas fundamentales y una unidad interna que dan cohesión al conjunto. No son acontecimientos aislados, sino orgánicamente vinculados. 

4. Los destinatarios son personas concretas y un pueblo concreto. Es, por lo tanto, al mismo tiempo personal (afecta a la libertad y al conocimiento de cada uno de sus protagonistas) y comunitaria (se dirige al conjunto y madura a través de la implicación de todo el pueblo). Se dirige a Abrahán, Moisés, Elías... como mediadores ante el pueblo, así como Israel está llamado a convertirse en el trámite para que la revelación de Dios llegue a todos los pueblos y a todos los hombres.

5. La revelación está guiada por una tensión hacia el futuro. La revelación está continuamente incompleta, por eso tiende hacia su plenitud, hacia su manifestación y realización definitiva, de la que cada etapa es adelanto, anuncio, prefiguración, promesa. Todo el Antiguo Testamento se dirige hacia Cristo y culmina en Él, perfecto revelador del misterio de Dios.

Israel no se encuentra con Dios en primer lugar a partir de una reflexión intelectual o del estudio de la naturaleza, sino a partir de su historia, en la que Dios interviene haciendo alianza con el pueblo, salvando. Si queremos comprender la fe de Israel en YHWH, hemos de acercarnos a los acontecimientos que la han originado. Dios se automanifestó a algunas personas, a un pueblo y ellos nos transmiten su experiencia.

Para saber más: Catecismo 1ª Parte, 1ª Sección, Capítulo 2: “Dios al encuentro del hombre”. Artículo 01: La revelación de Dios (nn. 50-73), Artículo 02: La transmisión de la revelación divina (nn. 74-100), Artículo 03: La Sagrada Escritura (nn.101-141).

6 comentarios:

  1. Como decían los dos comentarios de ayer, son interesantes estas charlas teológicas, que nos ayudan a conocer mejor nuestra fe... Paolo

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  2. Gracias padre Eduardo, por estas clases de Teologia que explicadas por ustèd, nos resultan faciles de leer y entendibles. Fina.

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  3. Gracias Padre, el estudio de la Teología es dificil y a veces un poco incomprensible, Ud nos lo hace mucho más fácil asimilable. qué Dios le bendiga.Isabel

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  4. Dios ha estado siempre presente en la historia Ha conducido al hombre por caminos dificiles Pero cuando lo ha necesitado Se le ha manifestado Como hizo con Moises y Elias
    Ana Maria

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  5. Padre Eduardo,quisiera saber su opinión sobre las beguinas y en concreto una mártir llamada Margarita Porete,pues desconocía este movimiento de la época medieval. Viendo un documental por televisión me llamo la atención sobre un libro fue condenada por herejía y quemada en la hoguera,y quisiera que saber que posición tiene la iglesia católica al respecto,gracias y que Dios lebendigua.

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    1. Las "beguinas" o "beatas" eran mujeres que se consagraban al servicio de Dios y de los más necesitados, como las religiosas de vida activa contemporáneas. Entre ellas hubo muchas santas y quizás alguna pícara. Ese movimiento se acabó con el Concilio de Trento que solo reconocía como consagradas a las monjas de clausura. Pero con el tiempo volvieron a surgir mujeres consagradas al servicio de Dios y de los hermanos que no viven en monasterios.

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