Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 27 de diciembre de 2013

Evangelista san Juan


Como recordaba ayer, en esta entrada explico el sentido de las fiestas que siguen a la Navidad y en esta otra el origen de la fiesta de hoy: san Juan evangelista, que suele ser representado por un águila, para indicar la profundidad de su mirada.

El apóstol Juan era hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el mayor. Natural de Betsaida y pescador. Su padre tenía asalariados y poseía – al menos – una barca y redes barrederas. 

Primero fue discípulo de Juan Bautista y después de Jesús (Jn 1,35-40). 

Junto con su hermano y con Pedro forma el núcleo de los amigos íntimos de Jesús; los únicos presentes en la resurrección de la hija de Jairo, en la transfiguración y en la oración del huerto. 

Era buen amigo de Pedro, compañero de pesca antes de conocer a Jesús. Juntos recibieron el encargo de preparar el cordero pascual, juntos se trasladan al sepulcro del Señor cuando las mujeres anuncian su resurrección, a ambos se dirige Jesús en su aparición junto al lago, anunciando la muerte de Pedro y la longevidad de Juan. En los Hechos aparecen juntos en la curación del cojo de nacimiento, ante el sanedrín, viajando a Samaría, etc. 

El Evangelio le llama «el discípulo amado» (Jn 13,23; 19,26; 20,2; 21,7.20). 

Cuando san Ireneo de Lyón fue deportado a Éfeso escribió que él había aprendido las cosas importantes sobre Jesús de Policarpo; quien, a su vez, las había recibido directamente del anciano (el presbítero), que es como llamaban a Juan. En Éfeso se conserva la casa de Juan y de la Virgen.

Tú que revelaste a Juan
tus altísimos decretos
y los íntimos secretos
de hechos que sucederán,
haz que yo logre entender
cuanto Juan nos ha contado;
déjame, Señor, poner
mi cabeza en tu costado.

Tú que en la cena le abriste
la puerta del corazón,
y en la transfiguración
junto a ti lo condujiste,
permíteme penetrar
en tu misterio sagrado;
déjame, Señor, posar
mi cabeza en tu costado.

Tú que en el monte Calvario
entre tus manos dejaste
el más santo relicario:
la carne donde habitaste;
tú que le dejaste ser
el hijo bien-adoptado;
déjame, Señor, poner
mi cabeza en tu costado.

Y tú, Juan, que a tanto amor
con amor correspondiste
y la vida entera diste
por tu Dios y tu Señor,
enséñame a caminar
por donde tú has caminado;
enséñame a colocar
la cabeza en su costado. Amén.

4 comentarios:

  1. Cuando esta mañana, he leido este himno en laudes, me ha emocionado, y ahora nos lo pone usted aqui y otra vez me emociona pensarlo. Pido al Señor que me deje algun ratico descansar en su pecho.Amen.Fina.

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  2. Gracias Padre Eduardo por darnos a conocer esta pintura tan bella de San Juan. Nunca he sabido porqué se le representa con el símbolo del águila.
    Gracias también por recordarnos este precioso himno.
    Que pase un feliz día navideño.

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  3. Yo no conocía ese poema que me ha parecido muy hermoso. Señor, concédeme apoyar mi cabeza en tu pecho. Vivir en intimidad contigo. Andrés

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  4. Que el Águila me adiestre en sus vuelos y me enseñe a colocar la cabeza en el costado de Cristo. Que nos encontremos ahí.

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