Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 13 de agosto de 2013

Poesías para pedir fe


La Carta a los Hebreos afirma que «la fe es garantía de lo que se espera y prueba de las realidades que no se ven» (Heb 11,1). Es decir, la fe nos asegura el cumplimiento de nuestra esperanza, no de las pequeñas ilusiones de cada día, sino de la esperanza definitiva que hemos puesto en Dios: «Sé en quién he puesto mi confianza» (2Tim 1,12). 

La fe es «garantía» y «prueba». Es, por tanto, una manera distinta de ver. Lo dice el Papa Francisco: «Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso» (Lumen Fidei, 1). La fe es una luz que tiene en sí «capacidad de iluminar toda la existencia del hombre» (Lumen Fidei, 4).

El siguiente poema  
de Juan Ruiz Peña (1915-1992) afirma que, aunque mi fe ilumina poco y no me permite ver a Dios con claridad, es una lámpara de oro con cien mil soles dentro, que brillará en el momento oportuno, cuando yo deje a Dios manos libres para actuar en mi vida. Aún no lo hago, pero lo deseo.

Mi fe es una lámpara de oro,

con cien mil soles dentro,
pero su claridad es poca
aún, y mi alma
apenas un temblor, sonido, hoja
de otoño o suspirar amarillo del bosque.
Qué importa, si te siento
en mi sangre, en hervor,
si te escucho, resuello de niño dormido,
si te respiro, iris teñido de ilusión.
Te busco con mi lámpara,
pasan los años,
y soy tiempo
desnudo, soledad, trabajo, amor,
tonel de sufrimiento.
Yo te ofrendo la vida,
dame la paz en cambio,
oh Invisible, mi lámpara no puede alumbrar más.

Por su parte, 
Susana March (1918-1991) afirma en el siguiente texto que la fe es la base sobre la que se puede construir la vida, la que da consuelo al hecho de haber nacido porque da sentido a la existencia. Por eso la pide con dramática honestidad.

Tengo secos los ojos

de mirar el vacío...
¡Dame, Dios, la esperanza
para saber que existo!
¡Dame la fe que mueve
las montañas de sitio!
Dame una base, algo
en que apoyar mi grito.
Algo que me consuele,
Señor, de haber nacido.

4 comentarios:

  1. La fe viene del amor. No se trata de pedirla como algo aislado. Amar a Dios es el origen de la fe. Primero se ama, luego se tiene fe. Y no al revés.

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  2. La reflexion y los poemas me han llenado la mente y el corazón.
    ¡Señor,acrecienta mi fe!

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  3. La fe sin obras esta muerta Danos luz para para que vean nuestra fe por medio de las obras Ana Maria

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  4. Te busco y te siento,
    te encuentro y desfallezco.
    Por los largos caminos,
    y senderos estrechos.
    A veces tan clara,
    a veces tan turbia.
    Brotas en el silencio,
    cuando menos lo espero.
    ¡Quédate conmigo!, quiera
    y se mi fiel compañera.

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