Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 19 de agosto de 2013

Las vacaciones de las carmelitas descalzas


¡Ah!, ¿pero las carmelitas descalzas tienen vacaciones, aunque no salen del convento? Esta pregunta que a veces nos hacen en el locutorio, o que cualquiera se puede hacer, hay que responderla con dos afirmaciones, aparentemente contradictorias: SÍ y NO.

1. NO tenemos vacaciones ni las podemos tener en lo esencial de nuestra vida. Nuestra misión no es una tarea que se hace y se puede dejar de hacer en cualquier momento. 


Nuestra unión con Dios permanente, el orar por todos los hombres presentando a Dios cada día sus necesidades y problemas, y el vivir la fraternidad comunitariamente son cosas que nos configuran, forman parte de nuestro ser (como la paternidad y maternidad respecto a los hijos). 

No podemos desentendernos de nuestra misión en vacaciones: “somos” personas orantes. Dios, con su Espíritu, nos va configurando poco a poco con Cristo y nos hace vivir con sus mismos sentimientos y actitudes.

En verano, como durante todo el año, nuestra vida consiste en la oración, participación en la eucaristía, liturgia, amor a las hermanas, entrega y servicio generoso. Esto no podemos dejar de vivirlo en ninguna estación del año. siempre estamos llamadas a ser “comunidades orantes y fraternas al servicio de la Iglesia”.

2. SÍ tenemos unos días de descanso y cambio de actividad en algunas cosas.

Paramos unos días el trabajo con el que nos ganamos el pan todo el año, conservando cada una sus oficios: sacristía, portería, enfermería, provisión..., así como las tareas de la casa: cocina, limpieza, etc. 

Pero cambiamos algo el horario, haciéndolo más flexible para tener tiempos personales amplios. Descansamos más, según la necesidad de cada una; disfrutamos de más tiempo para orar, leer, pasear al aire libre...

Algunas dedican mayor tiempo a aprender o perfeccionar el sonido de instrumentos musicales: órgano, piano, violín, cítara, guitarra, flauta… o a pintar o a otros asuntos personales pendientes.

En las comidas prolongadas, disfrutamos con la comunicación fraterna (durante el año comemos en silencio, salvo las fiestas y solemnidades).

La cena (cuando lo permite el calor), la hacemos en la huerta con el cielo por techo y los árboles por paredes y prolongamos nuestra convivencia, a veces con algún signo festivo de humor y alegría compartida.

Como habréis entendido, es posible seguir viviendo nuestra vida consagrada y tener unos días “de vacaciones”, incluso sin salir del convento. "Quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta". (santa Teresa de Jesús).

He tomado el texto de la página de las carmelitas descalzas de Daimiel (Ciudad Real, España), a las que aprecio mucho, que se puede visitar aquí. Las monjas de arriba son misioneras carmelitas de santa Teresita y la foto está tomada en el patio de su escuela de Oklahoma City. Yo las conozco y son magníficas.

5 comentarios:

  1. Las vacaciones y la alegria se lleva dentro del corazon y Jesus el Esposo les ha preparado dentro del corazon esa felicidad que el mundo no puede dar Ana Maria

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  2. Llevas razón: cuando he visitado el locutorio de alguna comunidad de monjas carmelitas he visto siempre una felicidad que no es de este mundo. El

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  3. Estamos viviendo tiempos,que los fieles se tienen que ajustar a horarios para recibir los sacramentos, por ejem.confesiones por cita y si esta disponible el sacerdote tiene que ser en. la tarde,en la mañana, no hay disponibilidad, no se las razones.En unas misiones hacen 3 años aprox.llego un misionero a la parroquia a unas misiones,estaba en la casa parroq.y lo fueron a buscar para ir al hosp. a visitar un enfermo y aplicar el sacramento de la uncion de los enfermos,le informan al fiel que lo dejaran descansar por las misiones que estaba dando,la repuesta del misionero fue, tranquilo hermano,ire a administrar,porque tendre tiempo suficiente en el cielo para descansar.

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    1. Es verdad que, debido a la falta de vocaciones, en algunos lugares es difícil encontrar un sacerdote que celebre la eucaristía o esté dispuesto para confesar. En otros lugares es al contrario. Yo vivo en Burgos y en la ciudad hay más de 60 misas cada día y no se llenan. En muchas de las iglesias hay confesores a casi todas las horas y tampoco se acercan los feligreses. La situación no es igual en todos los sitios, pero en todos hay dificultades. El Señor nos ayude a ser buenos cristianos allí donde nos encontremos, independientemente de las circunstancias ambientales.

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