Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 2 de abril de 2013

La cincuentena pascual


Durante los primeros siglos del cristianismo, al mismo tiempo que se fue configurando un tiempo de preparación para la Pascua (la Cuaresma), surgió una prolongación de la misma en un periodo de alegría que duraba 50 días y fue llamado Pentecostés, ya testimoniado por algunos textos del s. II, que prohíben arrodillarse en esos días, así como por Tertuliano († c. 220) y Orígenes († 254). Veamos la historia y el contenido de este periodo de tiempo:

El término fue tomado de la Biblia griega (Tob 2,1; 2Mac 12,32), que lo usa para traducir la fiesta de la siega (Ex 23,16) o de las semanas (una semana de semanas más un día festivo 7×7+1=50, tal como la explica Lev 23,15-16). 

En Canaán, la fiesta de "los Ázimos" suponía el inicio de la cosecha de los cereales, que concluía en "Shavuot" (en griego "Pentecostés"). Los israelitas historizaron ambas fiestas, convirtiendo la del inicio de la siega en celebración de la salida de Egipto y la del final de la siega en celebración del don de la Ley, ocasión para ratificar anualmente la alianza del Sinaí. 

En origen, Pentecostés no era una fiesta de un día, sino el conjunto de cincuenta días de fiesta en honor de la resurrección, pero pronto adquirirán especial importancia la primera semana (con catequesis mistagógicas para los neófitos, como dijimos ayer), el día final (que terminó convirtiéndose en día bautismal, precedido por un ayuno de preparación y prolongado con una octava) y el cuarantésimo día (fiesta de la Ascensión, que ya san Agustín testimonia como observada por todo el mundo cristiano). 

La primera lectura de los domingos de la cincuentena pascual está tomada de los Hechos de los Apóstoles y presenta el nacimiento de la Iglesia y la vida de los primeros cristianos. Casi todos los evangelios dominicales están tomados del evangelio según san Juan. El séptimo domingo de Pascua se celebra la Ascensión y el octavo Pentecostés, especialmente consagrado al don del Espíritu Santo, que Cristo sigue enviando desde el Padre. Después, como corolario, vienen las fiestas de la Santísima Trinidad, el Corpus Christi y el Sagrado Corazón de Jesús.

2 comentarios:

  1. Padre que hermosos es leer los Hechos de los apóstoles, yo lo leo y lo medito y pienso que bonito sería si todo cristiano imitara a los primeros hermanos de nuestra iglesia. Amo el versículo que dice : Mira como se aman. Pues así deberíamos ser nosotros, que con los hechos se note que nos amamos, que con los hechos reflejemos a Cristo Vivo!!

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  2. ¡¡¡ OH PADRE ...! ¡ ESTOY ENCANTADA ...! ¡ CUÁNTOS TESOROS DE LA

    MAGIA DIVINA ... SACRAL ... DE NUESTRO DIOS MISERICORDIOSÍSIMO

    ...QUE NOS ABRAZA Y ABRASA CON SUS MISTERIOS D E VIDA

    ETERNA ...!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!









    ¡¡¡ ALELUYA ...! ¡ ALELUYA ! ¡¡¡ OH QUE CREADOR ...!

    AMADOR DE SU CRIATURITA MÁS MARAVILLOSO ... QUE NO NOS

    DEJA NUNCA ...! ¡ NOS AMA ETERNAMENTE ...!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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