Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 12 de abril de 2013

Icono de la resurrección del Señor


Tanto en Oriente como en Occidente, a lo largo de los siglos se han desarrollado muchas maneras de representar a Cristo resucitado. En el Oriente cristiano privilegian los iconos, cargados de simbolismo para transmitir un mensaje teológico. Entre ellos destaca la representación de la “anástasis” (palabra griega que significa “resurrección”), también llamado “Icono del descenso de Cristo a los infiernos” que, con ligeras variaciones, se encuentra presente en todas las iglesias y que ahora vamos a comentar. Para verlo en grande, basta clickar sobre la imagen.

En el centro está Cristo revestido de luz, aunque conserva las llagas de la pasión en las manos y en los pies. A sus pies hay unas puertas rotas: son las puertas del abismo, del infierno, de la morada de los muertos, de la que nadie podía salir hasta entonces. Cristo no solo ha abierto las puertas del lugar de las tinieblas, sino que las ha roto para que ya nunca puedan volver a cerrarse.

Por debajo de las puertas rotas se encuentra un personaje encadenado: es la representación de la muerte, que ha sido definitivamente vencida, cumpliéndose la palabra de Cristo: “Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín” (Lc 11,21-22). La muerte tenía presos en el abismo a los difuntos, pero Cristo la ha vencido y se ha quedado con su botín, que son los muertos, y les ha devuelto la vida. Alrededor están los cerrojos, las llaves y los instrumentos de tortura, rotos e inservibles.

Así lo interpreta san Pablo que, citando el salmo 68, dice: “Subió a lo alto llevando cautivos. Decir subió supone que había bajado a lo profundo de la tierra” (Ef 4,8-9). San Pedro lo explica más detenidamente: “Cristo fue a predicar incluso a los espíritus que yacían en la prisión, a los desobedientes de otros tiempos…” (1Pe 3,19-20).

Por eso, alrededor de Jesús se encuentran varios personajes del Antiguo Testamento, que varían en cada icono. En este se pueden ver a la izquierda al rey David (con barba y corona), al rey Salomón (sin barba, pero también con corona) y a Juan Bautista (con larga barba y melena). A la derecha se distingue Abrahán (con larga barba blanca), a su hijo Isaac (con barba marrón) y a Abel (jovencito con cayado de pastor). En algunos iconos están todos con aureola sobre la cabeza y en otros no la lleva ninguno, no sé por qué en este solo la llevan los de la izquierda.

Los dos personajes que salen de los sepulcros y a los que Jesús toma por las manos son Adán y Eva, porque Cristo viene a redimir a todos, empezando por los primeros padres. Ahora no son ellos los que elevan la mano para tomar el fruto del árbol prohibido, sino que es Cristo, fruto del árbol de la vida, que los toma por mano y se ofrece a ellos como alimento de inmortalidad.

6 comentarios:

  1. Me gusta el icono de la Resurrección y mucho la explicación.
    Muchas gracias padre Eduardo por el correo lleno de espíritu y ternura.
    Quiero decirle que celebré el domingo de Resurrección en una iglesia latina y aquello era una auténtica fiesta llena de alegría y fe. Salí muy gozosa. Comprendí su entusiasmo con la vivencia de estas personas de las que tenemos mucho que aprender.
    Un abrazo. Betania

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  2. ¡¡¡ PADRE !

    ¡ PRECIOSO TODO ... Y ME GUSTA TAMBIÉN MUCHO

    EL ÍCONO ... ! DIOS EN TODOS DANDO A LUZ ...!!!!!!!!!!!





    ¡¡¡ OH DIOS AMOR ... ¡ MISERICORDIOSO PADRE ETERNO ...!!!!!!!

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  3. Diana Isabel Mazzei30 de marzo de 2016, 23:29

    Gracias Padre Eduardo, escribo iconografía hace ya algunos años. Este icono aún no me siento hábil como para hacerlo - es maravilloso. Su explicación muy educativa

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  4. Me encanta este icono. Jesús resucitado no sólo atrae hacia El, sino que "arrastra" con fuerza para liberarnos de cualquier cautividad.

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  5. Me encanta este icono. Jesús resucitado no sólo atrae hacia El, sino que "arrastra" con fuerza para liberarnos de cualquier cautividad.

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