Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 5 de marzo de 2013

Prácticas cuaresmales: la oración


La oración es el verdadero núcleo de la piedad. Un «arte» que hay que practicar continuamente, para perfeccionarlo y dar respuesta a la más urgente necesidad de nuestro tiempo: la búsqueda de una espiritualidad auténtica.

La búsqueda de una experiencia personal del misterio, más allá de la religiosidad sociológica heredada, es la característica que mejor define a un número cada vez mayor de creyentes. Si no quieren naufragar en las revueltas aguas contemporáneas, las comunidades cristianas deben educar a sus miembros en la oración.

Porque Dios es su Padre amoroso, Jesús necesita estar continuamente en contacto con Él, para recibir su vida y su fuerza, para conocer su voluntad, para manifestarle su cariño. De hecho, su oración no se limita a unos tiempos y a unos espacios concretos, sino que empapa toda su vida. 


La oración acompaña todas las decisiones y acontecimientos de la vida de Jesús: ora en el bautismo (Lc 3,21), durante 40 días en el desierto, antes de comenzar su vida pública (Mt 4,1ss), antes de elegir a los doce (Lc 6,12-13), antes de la confesión de Pedro en Cesarea (Lc 9,18), en la transfiguración (Lc 9,28-29), en Getsemaní (Lc 22,41), en la cruz (Mc 15,34; Lc 23,45).

En medio de su sufrimiento, Jesús oró diciendo: «Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz», para añadir a continuación: «pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). 


En los momentos de oscuridad, también nosotros podemos lamentarnos ante el Señor, como Job, o luchar con Él, como Jacob. Tenemos derecho a desahogar nuestro corazón y a pedirle lo que creemos que es bueno. Pero luego hemos de hacer como Jesús. Al final, la voluntad de Dios es siempre más importante que la mía.

No basta con dedicar algunos tiempos a la oración, sino que esta debe acompañar toda la vida, como pide san Juan Crisóstomo: «Una plegaria que no sea de rutina, sino hecha de corazón; que no esté limitada a unas horas determinadas. Conviene que elevemos la mente a Dios no solo cuando nos dedicamos expresamente a la oración, sino también cuando atendemos a otras ocupaciones». 


De hecho, santa Teresa de Jesús dice que «también entre los pucheros anda el Señor». La práctica de la oración es necesaria siempre, pero la Cuaresma supone una especial invitación a practicarla de manera más fiel e intensa.

5 comentarios:

  1. La oración,me parece la respiración
    del espíritu.Orar es vivir. Betania.

    ResponderEliminar
  2. "Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad.
    Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él."(Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2013).
    En la oración encontramos ese espacio, que no es solo de tiempo y de lugar, una simbiosis entre Dios y el hombre, vida viva. Conchita

    ResponderEliminar
  3. Gracias Padre Eduardo. Profundo y necesario esta cuaresma. A ponerlo en practica.

    ResponderEliminar
  4. Los que escuchan la Palabra y la cumplen gustan el don de convertirse en hijos de Dios, en continua relación con Él, amados por Él, acompañados por su Providencia a través del desierto de la vida y de las pruebas. Orar es respirar. Nuria

    ResponderEliminar
  5. ¡¡¡ 'PADRE SANZ DE MIGUEL ... GRACIAS ETERNAS INFINITAS ... ! ¡ SÍ ...!!! ¡¡¡ DIOS EN TODOS Y EN TODO DANDO A LUZ ...SI LE ABRIMOS BIEN NUESTRO CORAZÓN ...PARA QUE SE EXPANDA ... DEL RINCONCITO MÁS PURO ... ... A TODAS " LAS MORADAS ... " ¡¡¡ DIOS ES AMOR ...!!!!!!!!!!!!!!!!!
    ALBA UNA CON BERNABÉ

    ResponderEliminar