Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 25 de marzo de 2013

Los orígenes de la Pascua (1)

En todos los pueblos y culturas encontramos la celebración de fiestas ligadas a los ciclos de la naturaleza: para acoger la luna nueva, en los solsticios, al inicio de la cosecha, etc. En Israel se historizaron las fiestas, convirtiéndolas en memoria anual de las intervenciones de Dios a favor de su pueblo. La fiesta de primavera (Pascua) pasó a ser el recuerdo de la liberación de la esclavitud en Egipto; la fiesta de inicio del verano (Pentecostés) sirvió para conmemorar la alianza del Sinaí; y lo mismo sucedió con las demás.

Los primeros cristianos celebraban con naturalidad las fiestas de su pueblo de origen, pero pronto se separaron de sus prácticas religiosas, incluidas las fiestas, para afirmar su originalidad frente al judaísmo. S. Pablo nos da testimonio de ello y de que no se realizó sin dificultad: «Ahora que habéis conocido a Dios,¿por qué seguís celebrando como fiestas ciertos días, meses, estaciones y años? Es como para temer que mi trabajo entre vosotros haya sido inútil» (Gal 4, 9-11). «Que nadie os critique... a propósito de fiestas, novilunios o sábados. Todo eso era sombra de lo venidero» (Col 2, 16-17).

El surgimiento de un calendario de fiestas anuales cristianas fue un proceso largo y laborioso, que inició cuando los cristianos se separaron definitivamente de los judíos (a lo largo del siglo I) y desembocó en la actual estructura del año litúrgico, en el que hacemos memoria de los misterios salvíficos de Cristo.

La fiesta de Pascua 
comenzó a celebrarse muy pronto, ya que los mismos evangelios parecen recoger en su redacción un eco de la peregrinación que la comunidad de Jerusalén hacía al Santo Sepulcro: «Miren donde lo colocaron» (Mc 16, 6). El año 195 el obispo Polícrates de Éfeso se dirigió a Roma para dirimir con el Papa Víctor la fecha en que se debía celebrar la Pascua. Él decía que en Asia se celebraba desde época apostólica en la primera luna llena de primavera (el 14 de Nisán, el mismo día que los judíos, independientemente del día de la semana en que cayera). En las Iglesias de Occidente se celebraba también desde época apostólica el domingo siguiente. Al principio no se pusieron de acuerdo, pero en los siglos siguientes se generalizó la celebración anual de la Pascua en domingo. 

La primitiva celebración unía en la Pascua la memoria de la Creación, de la alianza de Dios con Abraham, de la salida de Egipto, del nacimiento del Señor (las 4 noches hebreas), de su muerte y resurrección y la esperanza de su venida gloriosa. No es de extrañar que fuera la fecha en que se recibía el bautismo. Mañana, si Dios quiere, seguimos profundizando en el tema.

3 comentarios:

  1. Me gustan estos temas.Gracias.Bt

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  2. Aprendo mucho para enseñar a los niños de pos comunión. Gracias padre Eduardo.

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  3. Eres un extraordinario maestro... De verdad que eres un torrente de sabiduría. Gracias Padre Eduardo. Dios lo bendiga mucho....
    Lucylaine - Puerto Rico

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