Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 14 de marzo de 2013

Año de la fe: Amén


Cuando, después de haber confesado la fe de la Iglesia, digo «amén», me uno al canto de los ángeles, que contemplan día y noche la bondad y la belleza de Dios y se alegran al encontrar en Él la plenitud de la bondad y de la hermosura. 

Con mi «amén» me uno a la esperanza de los mártires, que en diversas circunstancias han marchado cantando al encuentro con la muerte, poniendo confiadamente sus vidas en las manos de Alguien que es más fuerte que la muerte. 

Con mi «amén» me uno al amor de las vírgenes, que a lo largo de los siglos se han consagrado al servicio de un Amor más grande que todo lo que podemos gustar y poseer y que derraman su vida a los pies de Jesús como se vierte un perfume: gratuitamente, con el único deseo de agradar al Amado, sin exigir nada a cambio. 

Con mi «amén» también me uno a todos los que se sienten frágiles y pecadores, incapaces de enfrentarse con alegría a los sufrimientos cotidianos de la existencia e incapaces incluso de controlar sus instintos y pasiones, pero que encuentran la valentía para seguir esperando misericordia en Aquél que afirmó que vino «a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,10). Si cuando digo «creo» estoy afirmando que pongo mi vida incondicionalmente en las manos de Dios, sabiendo que no merezco su amor, pero lo necesito; cuando digo «amén» lo confirmo y ratifico.

1 comentario:

  1. Con todo lo acontecido sobre el Papa, no había leído este texto.
    Me ha parecido muy hermoso, solidario, verdadero y lleno de esperanza.
    Es un testimonio auténtico de Fe.

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