Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 9 de febrero de 2013

Vida de san Pablo (y 9)

Durante varios años, hice una colecta en todas las Iglesias, para conseguir dinero con el que ayudar a los hermanos de Jerusalén, que estaban pasando hambre y necesidad. Yo estoy seguro de que “Dios ama a quien da con alegría” (2Cor 9,7). Jesús mismo nos enseñó que “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35).

Cuando ya tenía recogida una buena cantidad de dinero, me dirigí a Jerusalén. Los pobres me recibieron con mucha alegría, porque les llevaba una ayuda preciosa. Algunos judíos, por el contrario, intentaron acabar conmigo, acusándome de ir contra las tradiciones de sus mayores. El tribuno romano (el jefe de la policía) me metió en la cárcel y quería juzgarme, para ver si las acusaciones eran ciertas. Cuando se enteró de que algunos de mi raza habían hecho un pacto para matarme, me envió a Cesarea marítima, a casa del gobernador. Este, finalmente, me envió encadenado a Roma, donde permanecí dos años en régimen de encarcelamiento domiciliario (cf. Hch 21-28).

En Roma me declararon inocente y durante algún tiempo pude continuar con mis viajes, predicando el Evangelio y escribiendo cartas a las comunidades cristianas. Finalmente, el año 67, durante la terrible persecución del emperador Nerón contra los cristianos, me cortaron la cabeza en las afueras de Roma, junto a la “vía ostiense”. Hoy se puede visitar mi sepulcro dentro de una hermosa basílica.

Fariseo y perseguidor de los cristianos, convertido en Apóstol de Jesús y cantor de su misericordia. Ese soy yo, Pablo de Tarso.

1 comentario:

  1. Me ha gustado esta presentación sencilla de la vida de san Pablo, al que tanto admiro. Gracias. Ivan.

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