Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 15 de febrero de 2013

Orígenes e historia de la Cuaresma (2)


Ayer comenzamos a hablar de la compleja historia de la Cuaresma y de los ayunos prepascuales que están en su origen. Durante los primeros siglos de nuestra era, el cristianismo fue perseguido por el Imperio Romano, por lo que no podía tener manifestaciones públicas de fe. Pero a partir del edicto de tolerancia de Constantino (año 313), los cristianos construyeron grandes centros de culto donde reunirse para celebrar sus liturgias.

Muchos paganos empezaron a convertirse en masa, por lo que hubo que preparar para ellos un proceso de formación (que se llamó catecumenado) y muchos creyentes, deseosos de conocer los lugares donde vivió Jesús organizaron peregrinaciones a la Tierra Santa, leyendo en cada lugar los textos evangélicos que narran lo que sucedió allí. Hoy hablaremos de estas dos experiencias, que también están en los orígenes de la Cuaresma.

2. El catecumenado. Durante la época de las persecuciones, los que se convertían eran inmediatamente bautizados e incorporados a la comunidad. Después del edicto de Constantino, las conversiones fueron cada vez más numerosas, aunque algunas veces no eran sinceras, por lo que se estableció un catecumenado suficientemente largo, que clarificara las intenciones. 

Los candidatos, después de dos o tres años de formación cristiana, se preparaban con intensidad durante la Cuaresma para recibir el bautismo en la Vigilia Pascual. 

El domingo primero, se inscribían sus nombres en un libro especial. A partir de ese momento, eran llamados «iluminandos» y tenían catequesis diarias. 

La segunda semana se reservaba para las témporas (celebraciones para dar gracias a Dios por el final del invierno y la llegada de la primavera). 

Los domingos tercero, cuarto y quinto tenían lugar los «escrutinios», acompañados de unciones prebautismales. A los candidatos se les explicaban el credo, el padre nuestro y los evangelios (en las llamadas traditio o «entregas»). Más tarde tenían que devolverlos a la comunidad, recitando públicamente el credo, el padre nuestro y una fórmula de adhesión a los evangelios (las llamadas redditio o «devoluciones»). 

El Sábado Santo por la mañana, recibían la última unción y profesaban la fe. Esa misma noche eran bautizados. 

A partir del s. VI, los bautismos de adultos se hicieron cada vez más raros y se generalizaron los de niños, por lo que se modificó la organización prebautismal. Los exorcismos durante la Cuaresma pasaron de tres a siete y de los domingos a días feriales, cambiándose el orden de los formularios y creándose otros nuevos.

3. La Semana Santa jerosolimitana. A partir del s. IV, en Jerusalén comenzaron a tenerse celebraciones durante los días anteriores a la Pascua, recordando los acontecimientos decisivos del cristianismo en los mismos escenarios donde tuvieron lugar, siguiendo la distribución temporal de los evangelios. 


El sábado se visitaba el sepulcro de Lázaro, el domingo se tenía una procesión con ramos, el miércoles se hacía memoria de la traición de Judas, el jueves se tenía una vigilia nocturna en el huerto de los olivos, el viernes se veneraba la reliquia de la Cruz, el sábado pasaban la jornada orando los Salmos y leyendo textos de la Escritura junto a la Anástasis (la basílica del santo Sepulcro). 

Los peregrinos, al regresar a sus lugares de origen, establecieron las costumbres de Jerusalén.

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