Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 14 de febrero de 2013

Orígenes e historia de la Cuaresma (1)


Al inicio, los cristianos no tenían fiestas anuales, solo la celebración semanal del domingo. La primera fiesta cristiana que se celebró anualmente fue la Pascua. Con el tiempo surgió un tiempo de preparación para la Pascua que se llamó Cuaresma (porque constaba de 40 días) y un tiempo posterior de celebración que se llamó Pentecostés (porque constaba de 50 días). Hasta llegar a la manera actual de celebrar el año litúrgico, la historia es muy larga y compleja.

Hoy y los próximos días hablaremos de los orígenes históricos de la Cuaresma, que se encuentran en los ayunos de preparación para la Pascua, las celebraciones de Semana Santa en Jerusalén después de las persecuciones anticristianas, el catecumenado en preparación al bautismo, el camino penitencial de los pecadores que querían reconciliarse con la Iglesia, las estaciones cuaresmales en la ciudad de Roma y otros componentes que iremos viendo.

1. Los ayunos de preparación a la Pascua. Desde el siglo II tenemos testimonios de un ayuno de preparación a la Pascua, que duraba uno o dos días, en recuerdo de la muerte y sepultura del Señor, y que se fue alargando progresivamente, hasta convertirse en un período de 40 días. 

La primera referencia escrita a la Cuaresma es una carta de Atanasio de Alejandría, del año 330. Poco después, san Jerónimo la atestigua en Roma; san Ambrosio, en Milán; y la beata Egeria, en Jerusalén. A finales del s. IV, era práctica universal. Al principio, solo se ayunaba los miércoles y viernes; pero la privación de alimentos se terminó extendiendo a toda la Cuaresma. 

Como los domingos no eran días penitenciales, para conservar los 40 días de ayuno real, se adelantó el inicio de la Cuaresma al miércoles anterior. Por su parte, los orientales, que tampoco ayunaban los sábados, establecieron ocho semanas para conservar los 40 días completos de penitencia. 

En Roma, quizás por influjo oriental, durante el siglo VI se añadió una semana a las seis tradicionales (que tomó el nombre de «Quincuagésima»). Más tarde se añadió otra (de «Sexagésima») y una tercera a principios del s. VII (de «Septuagésima»). Lo justificaban haciendo un paralelismo con los 70 años que los judíos pasaron en el destierro de Babilonia, antes de regresar a la Ciudad Santa (cf. Jr 25,12). Así, los cristianos deberían purificarse durante 70 días para poder participar de las alegrías de la Jerusalén celestial.  En la liturgia contemporánea esas semanas precuaresmales han desaparecido.

1 comentario:

  1. Gracias por la catequesis cuaresmal.La
    recibo como regalo amistoso.Betania

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