Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 20 de febrero de 2013

Los 40 días de la Cuaresma

La palabra latina «Quadragesima» hace referencia al número 40. La liturgia recuerda que este periodo de preparación a la Pascua surgió por el deseo de imitar el retiro de Jesús en el desierto, al inicio de su vida pública: «[Jesús], al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal» (Prefacio del domingo I). Pero, ¿por qué Jesús se retiró durante ese preciso periodo de tiempo? Debemos recordar que la Biblia hace un uso abundante del simbolismo de los números, que hay que saber interpretar para comprender su mensaje.

En concreto, el número 40 aparece más de cien veces, pero pocas con un significado matemático. Recordemos que, en la antigüedad, morían muchos niños y los adultos vivían unos 40 años. Solo una minoría superaba esa edad. Por eso, era el símbolo de una generación, de una vida, de un tiempo suficientemente largo para realizar algo importante. La vida de Moisés es un ejemplo claro. Murió con 120 años (Dt 34,7), que san Esteban divide en tres etapas de 40: el tiempo que pasó en Egipto, adorando a los dioses falsos, el tiempo que pasó en el desierto, purificándose, y el tiempo que vivió al servicio de Dios y de su pueblo (Hch 7,20-40). Es como si hubiera vivido tres «vidas». En otros textos sucede algo similar. Isaac se casó con Rebeca a los 40 años (Gen 25,20) y también su hijo Esaú (Gen 26,34). Es el tiempo que Israel, guiado por Moisés, caminó por el desierto (Dt 29,4), que duró el reinado de David (1Re 2,11) y que Job vivió felizmente, después de sus desgracias (Job 42,16). 

Igual que 40 años significan una vida, 40 días significan un tiempo suficientemente largo para que se realice algo importante. Es lo que duró el diluvio (Gen 7,12), el tiempo que Moisés pasó en oración antes de recibir las tablas de la Ley (Ex 24,18), lo que tardaron sus enviados en explorar la Tierra Prometida (Nm 13,25) y lo que Elías anduvo antes de encontrarse con Dios (1Re 19,8). Jonás anunció la destrucción de Nínive a los 40 días (Jon 3,4). Jesús fue presentado en el templo a los 40 días de su nacimiento (Lc 2,22), como mandaba la Ley (Lv 12). Como ya hemos dicho, es lo que duró la permanencia de Jesús en el desierto (Mt 4,2) y, después de la resurrección, se apareció también durante 40 días (Hch 1,3). Por otra parte, los que cometen un delito deben recibir un máximo de 40 azotes, ya que superar ese número sería un exceso irracional (Dt 25,3). 

Con estas premisas, la Cuaresma supone el tiempo necesario, el tiempo completo, el tiempo oportuno que la Iglesia nos ofrece para nuestra salvación. Además, los Padres interpretaron el número 40 como el resultado de multiplicar el 4 (un número cósmico, imagen de los cuatro confines de la tierra) por 10 (un número moral, en referencia al Decálogo), por lo que el 40 es una recapitulación simbólica de la historia de este mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario