Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 24 de enero de 2013

Infancia y juventud de san Pablo


En sus relaciones familiares le llamaban Saulo (evolución de Saúl), algo relativamente frecuente entre los descendientes de la tribu de Benjamín, a la que pertenecieron tanto el primer rey de Israel como San Pablo. En sus relaciones extrafamiliares, usaba el nombre de Pablo. Esta práctica está ampliamente documentada en la época. Baste pensar en Juan Marcos. Nació en el seno de una familia judía profundamente observante (cf. Flp 3,5-6), aunque suficientemente acaudalada como para enviar a su hijo a estudiar en Jerusalén, en la escuela rabínica más famosa del momento (cf. Hch 22,3). De su padre recibió en herencia ser “ciudadano romano” (Hch 16, 37-39; 22, 25-29; 25,10-12). Este título conllevaba numerosos privilegios, ya que solo los que lo poseían podían ocupar cargos en la administración o en la dirección del ejército y tenía ventajas comerciales, fiscales, judiciales, etc. En cuanto civis romanus, poseía en plenitud los ivra pvblica (derechos políticos), ius sufragii (derecho de voto), ius honorum (derecho de ser elegible), ius sacrorum (derecho a tener religión o ser elegible para funciones sacerdotales), ius provocationis (derecho de apelación al pueblo en procesos criminales), ivra privata (derechos civiles), ius commercii (derecho de propiedad: comprar, vender, testar...), ius connubii (derecho a contraer matrimonio legal), ius legis actionis (derecho a ejercer acciones judiciales). La ciudadanía romana se obtenía como premio por importantes servicios al imperio, ya fueran militares, diplomáticos o económicos. El tribuno de Jerusalén, que tuvo que comprar la ciudadanía por una elevada cantidad, quedó sorprendido de que Pablo la poseyera (Hch 22,27-28).


Pablo nació en Tarso, capital administrativa de Cilicia, en la actual Turquía (Hch 21,39). Hace 2.000 años era una ciudad rica y populosa, con puerto, templos, comercios, biblioteca, teatro, estadio deportivo y –sobre todo– importantes escuelas de filosofía. Allí se formó en el conocimiento del griego y del latín. También adquirió conocimientos de retórica y filosofía, que después utilizará abundantemente en su predicación y en sus cartas.

Siguiendo la costumbre de los rabinos, aprendió de su familia un trabajo manual: la fabricación de una tela impermeable y resistente, hecha con pelos de cabra, muy apreciada en su época, llamada “cilicio”, por ser Cilicia el lugar de su producción. Quizás sus padres suministraban esta tela al ejército romano o tenían un centro para exportarla en Jerusalén, y por eso mandaron allí al hijo y más tarde a un nieto “hijo de la hermana de Pablo” (cf. Hch 23,16).

A los 12 o 13 años (edad en la que los hebreos se convertían en bar mitzbá o “hijos del precepto” y podían comenzar los estudios superiores) fue enviado a Jerusalén, a estudiar con Gamaliel (cf. Hch 22,3), que tenía tal renombre que el Talmud dice que “cuando murió Gamaliel, murió la sabiduría”. Allí se hablaba arameo y se estudiaba la Torá y los otros escritos de la Tanak (Antiguo Testamento) en hebreo. Así Pablo se convirtió en maestro de la Ley, lo más parecido a un Rabino o a un abogado, capacitado para enseñar y juzgar según las leyes y tradiciones de la religión judía. 

1 comentario:

  1. He leido muchas veces a traves de usted la historia de S.Pablo, siempre me gusta recordarla y me impresiona como el Señor se le manifiesta y cambia todos sus planes. Que nos sirva de ejemplo y cada día nos podamos ir conviirtiendonos con Su ayuda

    ResponderEliminar