Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 17 de diciembre de 2012

Antífonas mayores de Adviento


La esperanza cristiana ha encontrado una feliz formulación en las hermosas antífonas mayores, que acompañan el magníficat en vísperas a partir del 17 de diciembre y que son los elementos más característicos de los últimos días de Adviento. 

En latín, comienzan por la exclamación admirativa «O» (en español, por «Oh»). De ahí viene que Nuestra Señora de la Esperanza o de la Expectación, cuya fiesta litúrgica se celebra el 18 de diciembre, sea llamada también Virgen de la O


Adquirieron la forma actual en el s. VII. Posteriormente se añadieron otras, llegando a 10 ó 12, según las zonas. La liturgia romana actual conserva las 7 primitivas. Son un magnífico compendio de cristología y, a la vez, un resumen de los deseos de salvación de toda la humanidad, tanto del Israel del Antiguo Testamento como de la Iglesia del Nuevo. Condensan el espíritu del Adviento y la Navidad. Todas comienzan expresando la sorpresa de la Iglesia ante el misterio de un Dios hecho hombre, por lo que dice con asombro: «Oh». Esta aclamación inicial sirve para subrayar la fascinación de quien contempla algo inaudito y admirable.

Continúan con una comprensión cada vez más profunda del misterio de Cristo, sirviéndose de títulos y expresiones de la Biblia. Jesús es aclamado como Sabiduría, Pastor, Sol, Rey, Emmanuel. Todos estos títulos son necesarios para comprender su identidad, aunque todos son insuficientes, ya que el misterio de Cristo nunca puede ser totalmente explicado con palabras. De ahí que la exclamación admirativa «Oh», con la que inicia cada una de las antífonas, sea tan importante.

Después de aclamar a Cristo con títulos diversos, todas terminan con la súplica: «Ven» y una indicación de los efectos que se esperan de su venida: la liberación del pecado y de la muerte, la enseñanza de la verdad, la salvación eterna. Además de en Vísperas, en nuestros días se proponen, algo resumidas, como versículo del aleluya antes del evangelio de la misa.

En el original latino, comienzan así: O Sapientia (sabiduría, Palabra de Dios dirigida a los hombres); O Adonai (Señor poderoso); O Radix (raíz, renuevo de Jesé); O Clavis (llave de David, que abre y cierra); O Oriens (oriente, sol, luz); O Rex (rey de paz); O Emmanuel (Dios-con-nosotros). Leídas en sentido inverso, las iniciales latinas de los títulos de Cristo forman el acróstico ero cras, que significa «seré mañana», «vendré mañana». Estamos, finalmente, ante la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles, que le dicen: «Ven pronto». Esta idea, escondida en las antífonas, se formula con claridad el día 24 por la mañana: «Hoy sabréis que viene el Señor, y mañana contemplaréis su gloria». Por la tarde, la Iglesia afirma convencida: «Cuando salga el sol, veréis al Rey de reyes, que viene del Padre, como el esposo sale de su cámara nupcial». Los anuncios de los profetas, las esperanzas de la Iglesia, finalmente, van a tener cumplimiento. 

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