Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 17 de noviembre de 2012

¿Qué es la Biblia?

«Las Sagradas Escrituras te guiarán a la salvación por medio de la fe en Jesucristo. Toda la Escritura ha sido inspirada por Dios, y es útil para enseñar, para persuadir, para reprender, para educar en la rectitud, a fin de que la persona religiosa pueda llegar a ser perfecta y esté preparada para hacer el bien» (2Tim 3,15-17). Decimos que la «Biblia» o «Sagrada Escritura» es la «Palabra de Dios» y que en ella Dios mismo nos habla y nos ofrece su amistad, utilizando un lenguaje humano. Pero, ¿cuál es el origen de este libro misterioso? Y ¿cuáles son sus contenidos principales? A estas preguntas intentaré responder brevemente.

Contra lo que se puede pensar, la Biblia no es un libro, sino una colección de 73 libros; de los que algunos son muy largos (Isaías, por ejemplo), mientras que otros apenas ocupan una página. De hecho, «libro» se dice biblion en griego y «libros» se dice biblia. Es lo mismo que la palabra «biblioteca», que indica un conjunto ordenado de libros. Estos no han sido escritos todos de una vez, ni en el mismo lugar, ni por el mismo autor, ni aun en el mismo idioma. Los libros más antiguos se escribieron hace unos 3.000 años (aunque recogen tradiciones orales anteriores) y los más modernos se escribieron hace unos 1.900. A los 46 libros que recogen la revelación de Dios a Israel antes del nacimiento de Jesucristo los llamamos «Antiguo Testamento», y fueron escritos en hebreo (aunque algunos textos en arameo o en griego). A los 27 que recogen la revelación de Dios después del nacimiento del Señor Jesús los llamamos «Nuevo Testamento», y fueron escritos todos en griego. La mayoría de los libros del Antiguo Testamento provienen de Palestina, aunque hay textos que se escribieron en otros lugares cercanos, como Egipto y Mesopotamia. Los libros del Nuevo Testamento se escribieron en distintos lugares del antiguo Imperio Romano: Jerusalén, Antioquía de Siria, Acaya, Roma, etc. 

Tanta variedad de autores y proveniencias hace que también sean distintos los géneros literarios utilizados. Así, en la Biblia hay textos en prosa y en verso, narraciones históricas y colecciones de leyes, canciones populares y documentos diplomáticos, textos épicos (que cantan las hazañas de un personaje) y lamentaciones (elegías fúnebres), reflexiones de los Sabios, oráculos de los profetas, cartas, etc. A pesar de todo, podemos encontrar una profunda unidad en ellos, ya que todos son «inspirados» por Dios. Es decir, que Dios ha movido la voluntad de los escritores para que nos transmitieran con sus propias palabras el mensaje que Él quería hacernos llegar: «Ninguna profecía de la Escritura procede de la voluntad humana, sino que, impulsados por el Espíritu Santo, algunos hombres hablaron de parte de Dios» (2Pe 1,21).

Los hebreos no ponían títulos a los libros, sino que solían llamarlos por la primera o las primeras palabras de cada texto. Los nombres que usamos nosotros vienen del griego y suelen hablar de los contenidos de cada volumen. Los cinco primeros libros de la Biblia (los fundamentales para los judíos) son llamados Torá (=Ley) en hebreo y Pentateuco (=cinco tomos) en griego. El primer libro de la Biblia es llamado en hebreo Bereshit (=en el principio) y en griego Génesis (=los orígenes). El segundo libro es llamado en hebreo Shemot (=los nombres) y en griego Éxodo (=la salida). El tercero es llamado en hebreo Wayyiqrá (=y llamó) y en griego Levítico (porque trata sobre los miembros de la tribu de Leví, los encargados del culto divino). El cuarto es llamado en hebreo Bamidbar (=en el desierto) y en griego Números (por las numerosas genealogías que contiene). El quinto es llamado en hebreo Devarim (=palabras) y en griego Deuteronomio (=segunda ley, porque reelabora los contenidos del Éxodo).

La actual división en capítulos y versículos es relativamente reciente. Se empieza a utilizar, para facilitar las citas, en la Edad Media y no se generalizará hasta el siglo XVI, con el uso de la imprenta.

Podemos dividir el Antiguo Testamento en los siguientes bloques:

1. El Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
2. Libros históricos: Josué, Jueces, libros de Samuel, libros de los Reyes, libros de las Crónicas, libros de los Macabeos y otros menores.
3. Libros proféticos, con los 4 Profetas mayores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel) y los 12 menores.
4. Libros poéticos (Salmos, Cantar de los Cantares, Lamentaciones) y sapienciales (Job, Proverbios, Eclesiastés, Sabiduría y Eclesiástico).

Como es natural, los judíos no lo llaman Antiguo Testamento, sino Tanaj, que es el acrónimo que surge al unir las tres partes que contiene: La Torá (=Ley, el Pentateuco), los Nevi'im (=Profetas, que contiene los profetas anteriores –nuestros libros históricos– y los profetas posteriores –nuestros libros proféticos–) y los Ketuvim (=Escritos, los sapienciales y poéticos).

El Nuevo Testamento consta de los siguientes bloques:

1. Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan).
2. Hechos de los Apóstoles.
3. Cartas de San Pablo, ordenadas desde la más larga (a los Romanos) a la más corta (a Filemón), a las que se añade la Carta a los Hebreos.
4. Cartas Católicas (de Santiago, Pedro, Juan y Judas).
5. Apocalipsis. 

La Biblia no es un tratado de Historia ni de Ciencias de la Naturaleza, en el sentido moderno, sino que recoge la experiencia religiosa de un pueblo e intenta dar una respuesta creyente a las preguntas fundamentales del ser humano: ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos?, ¿qué debemos hacer para ser felices? Además, ofrece una interpretación religiosa de los acontecimientos de la historia, no quedándose en los meros hechos, sino buscando su significado más profundo. No podemos pretender entender a la primera el lenguaje y las imágenes usadas por los autores bíblicos, ya que nos separan de ellos muchos siglos y fueron escritos con mentalidad oriental, amiga de los relatos y de los símbolos. Sin embargo, si nos esforzamos por comprender el contexto de la época y los géneros literarios que usan los escritores, descubriremos un mensaje actual y siempre necesario: El misterio escondido de Dios y de su proyecto amoroso sobre los seres humanos, imposible de ser conocido con nuestras solas fuerzas, pero que Él, en su misericordia, ha querido manifestarnos: «Dios me ha confiado la misión de anunciaros su Palabra, es decir, el plan eterno que Dios ha tenido escondido durante siglos y generaciones y que ahora nos ha revelado» (Col 1,25-26).

2 comentarios:

  1. Necesito leer el Antiguo Testamento con otros ojos
    Gracias por dejar siempre su luz en el camino.Btn.

    ResponderEliminar
  2. Cada día es un gozo el seguirle porque siempre descubro cosas nuevas. No dejo de aprender con usted. Gracias.

    ResponderEliminar