Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 18 de septiembre de 2012

Fascinados por Cristo: Irene

Nací en una familia católica, pero en mi adolescencia me alejé de la Iglesia. El Señor salió a mi encuentro una semana antes de la Confirmación, en una convivencia a la que fui obligada. Dos chicas dieron testimonio de su conversión, que me conmovió muchísimo y decidí acercarme a ese grupo de jóvenes para conocerles mejor. Poco a poco, participando en peregrinaciones y oraciones con otros jóvenes de la diócesis, empecé a tener encuentros fuertes con el Señor.

En uno de estos encuentros sentí que mi vida solo tenía sentido en la oración, en el silencio y en la intimidad con Él. Me mostró que yo solo podía ayudar a la gente mediante la oración y en ese mismo instante el Señor me recordó a las hermanas Clarisas, a las que había conocido un mes antes, en un retiro con el grupo de jóvenes de mi parroquia. Él puso en mí el deseo de realizar una experiencia y el miedo intentó acallarlo, pero al final tras dos semanas decidí ponerme en contacto con ellas. Tenía miedo de sentirme encerrada, pero experimenté la verdadera libertad, sin depender de las cosas que yo consideraba necesarias: redes sociales, móvil, salir con los amigos… Al terminar la experiencia, guardé en mi corazón lo vivido pero no comenté nada por miedo a la incomprensión.

A los poco meses llegó la JMJ, en la que participé como voluntaria. Uno de los momentos más impresionantes fue el silencio que se guardó en la Vigilia ante la Presencia del Señor. Ahí Él me confirmó que mi vida era la oración, pero el miedo otra vez intentó acallarlo.

Pasaron las semanas y empecé 1º de Pedagogía. La carrera me gustaba y me iba bastante bien. Intenté hacer mi vida fuera de lo que el Señor me estaba pidiendo y dejé todo lo relacionado con Él. Pero a los dos meses una persona me invitó a una oración y no pude decirle que no. Allí el Señor me hizo recordar esa experiencia de libertad y todos los momentos vividos en el monasterio. No pude dudar que habían sido los días más felices de mi vida. Y comprendí que era el momento de dar el paso, a pesar de que acababa de empezar la universidad, había entrado en el equipo de rugby… Intentaba autoconvencerme de que no podía ser, pero el pensamiento no salía de mi cabeza.


El fin de semana siguiente, mi diócesis organizaba un encuentro de formación dirigido por un Obispo. Eramos pocos y él se mostró disponible para hablar de forma personal con quien quisiera. Le comenté mi inquietud y él me animó a no tener miedo. Tras este encuentro decidí entrar en el monasterio.

Fui voluntaria de la JMJ y por ello tuve que "renunciar a participar de un modo directo en todos los actos, al tener que ocuparme de otras tareas de la organización" (cfr. Benedicto XVI, homilía a los voluntarios). Ahora renuncio a participar en muchos actos de la Iglesia porque el Señor me quiere "voluntaria contemplativa".

Irene, 18 años, postulante en las clarisas de Vivar del Cid. (En la foto se ve la entrada al monasterio).

4 comentarios:

  1. Gracias, Señor por continuar enviando obreros a tu mies. Gracias por Irene, por su generosidad, por su escucha a tu palabra. Bendícela y acompáñala, en la prueba, todos los días de su vida. Nuria

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  2. En Europa hoy hay pocas vocaciones a la vida consagrada porque hay pocos cristianos, pero siempre quedará un resto fiel que conserve la fe y la esperanza. De ese resto seguirán surgiendo vocaciones. Menos que en otros tiempos, pero auténticas y generosas. El Señor las bendiga a todas. E.N.

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  3. Gracias Irene por tu generosidad dejándote seducir por Cristo.
    Cada vocación me parece un regalo para toda la humanidad.Gracias
    a todos los que se gastan y desgastan por los hermanos.Gracias
    P.Eduardo porque su dedicación no tiene límite.Btn

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  4. Que alegria he sentido al leer el testimonio de Irene. Me ha confortado y pido a Dios por ella y le doy gracias por su valentía a dar ese gran paso en su vida. Poco a poco y cada vez mas, me siento integrada en esta gran familia que a traves de nuestro querido P. Eduardo se va formando.

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