Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 22 de agosto de 2012

La oración de santa Teresa (2)

Desde que santa Teresa empezó a practicar la oración afectiva (ella la llama oración de recogimiento), se multiplicaron las gracias místicas: hablas interiores, visiones, éxtasis, heridas de amor en el corazón. A diferencia de la meditación, que es discursiva y se realiza con el esfuerzo del entendimiento, esta oración es intuitiva y se recibe como un don gratuito. 

Al principio se asustó. No encontraba las palabras adecuadas para explicar lo que le pasaba. En busca de luz para comprenderlo, empieza a ponerlo por escrito. Sus primeros consejeros no la entendían. Querían “explicaciones” comprensibles y Teresa solo podía ofrecerles un “testimonio” de cómo este encuentro la transformaba. Ella sabía que sus experiencias no eran resultado de su obrar, sino que venían de Dios, por los efectos que producían: verdadera humildad, libertad interior, desasimiento de todo lo criado, fortaleza en el sufrimiento, amor desinteresado. 

San Francisco de Borja, san Pedro de Alcántara y san Juan de Ávila la confirmaron en que venían de Dios. Con tan buenos apoyos, desaparecieron sus miedos y todo se convirtió en oración: “Cesaron mis males y el Señor me dio fuerza para salir de ellos. […] Todo me servía para conocer más a Dios y amarle y ver lo que le debía y pesarme de la que había sido” (V 21,10). Se sentía totalmente identificada con Cristo y sus sentimientos. 

De su unión con Él brotó su amor apasionado por la Iglesia y la fortaleza necesaria para trabajar por la causa de Cristo sin hacer caso de opiniones contrarias. Al mismo tiempo que alcanzó las más altas cimas de la mística, se convirtió en andariega de Dios, fundadora de monasterios, maestra de oración y escritora de libros de espiritualidad. En ella, Marta y María caminaron indisolublemente unidas, ya que “para este fin hace el Señor tantas mercedes en este mundo” (7M 4,4). Quiera el Señor que, siguiendo el ejemplo de santa Teresa, nuestra oración nos mueva a entregarnos totalmente al servicio de Cristo y a dejarle actuar en nosotros.

6 comentarios:

  1. ¡QUE TAL NOS SUCEDA! B.

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  2. Yo también quiero que Marta y María caminen juntas en mi vida, que no haya separación entre la acción y la oración, entre la vida y la fe, pero a veces me resulta tan difícil... Paolo

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    1. Los comentarios de Paolo siempre me gustan

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  3. Padre: esta oración afectiva o de recogimiento ¿se puede empezar a practicar por voluntad propia o has de esperar a que el Señor te conceda entrar en ella? Si uno ve que no siempre puede entrar en este tipo de oración, ¿recurrir a la meditación es dar un paso atrás o está bien? ¡Es que hay momentos en que uno quiere rezar pero ya ni sabes lo que estás haciendo y, al final, de lo único que te ves capaz es de rezar el Padrenuestro y el Avemaría.
    ¿Me podría echar una mano?

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    1. Tanto santa Teresa de Jesús como san Juan de la Cruz dicen que en los momentos en que no puedes pensar (meditar), cuando solo puedes rezar el Padrenuestro o el Ave María o estar en silencio ante el Señor es cuando estás pasando de la oración discursiva a la contemplativa y que no hay que forzar la voluntad para seguir pensando, sino permanecer en silencio amoroso ante el Señor. Empieza siendo una opción personal y termina siendo Dios el que pacifica los sentidos y nos introduce en una oración más profunda, hecha en fe pura, sin esperar a sentir nada, sino solo permaneciendo ante el Señor. Él te bendiga.

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    2. Muchas gracias, padre, por su ayuda.

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