Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 21 de agosto de 2012

La oración de santa Teresa (1)



Desde que inició la práctica de la oración, Teresa comenzaba meditando alguna página del evangelio o de otro libro espiritual. En la meditación, ella se “representaba” una escena de la vida de Cristo y reflexionaba sobre sus enseñanzas: “Yo tenía este modo de oración: procuraba representar a Cristo dentro de mí […] y estaba con Él lo más que me dejaban mis pensamientos” (V 8,4). 

En cierto momento, comienza a percibir la presencia misteriosa, pero real, del Señor a su lado, sin que ella haga nada para provocarlo. Es la entrada en la oración mística: “Me venía a deshora un sentimiento de la presencia de Dios, que en ninguna manera podía dudar de que estaba Él dentro de mí y yo toda envuelta en Él” (V 10,1). Esto le producía asombro y gozo. Sus confesores creen que el diablo la engaña, pero ella no puede dudar de que es Dios quien la visita, porque se siente cada día más firme en la fe y en la esperanza, más generosa en la práctica de la caridad y más desasida de todo. En su oración, los pensamientos y meditaciones van a ocupar cada vez menos tiempo. Por el contrario, lo decisivo será el afecto, la voluntad. Se siente en presencia de Cristo, al que mira amorosamente y del que se deja mirar, al que habla, sin importarle las palabras que usa, como con un amigo, con un hermano, con un esposo. 

Eso mismo recomienda a sus lectores: “No os pido que penséis, ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con el entendimiento. Solo os pido que le miréis […]. Si estás alegre, mírale resucitado […]. Si estás triste, mírale camino del huerto […] o atado a la columna […] o cargado con la cruz […]. Y Él te mirará con unos ojos tan hermosos y olvidará sus dolores para consolar los tuyos […]. Y habla muchas veces con Él. Si hablas con otras personas, ¿por qué te habrían de faltar las palabras para hablar con Él” (C 26,3-9). Efectivamente, Teresa ha descubierto que “aquí no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho. Así, lo que más os mueva a amar, eso haced” (4M 1,7).

3 comentarios:

  1. Es una gran ayuda para nuestra vida de oración estos toques de Teresa,que intuyo serán varios. Padre Eduardo, nunca deja de sorprenderme.
    Betania,un corazón agradecido.

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  2. Ya había oído otras veces lo de que en la oración lo importante no es pensar mucho sino amar mucho, pero hoy parece que me ha tocado más dentro. Desde luego, que santa Teresa es una gran maestra (y no solo de oración). E.N.

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  3. Copiemos a Sta Teresa y miremos con sus ojos, hablemos con su boca, sintamos con su corazón y todo será secundario, sólo Dios basta, sólo Dios importa.

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