Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 29 de junio de 2012

Vida y mensaje de san Pedro (7)

Cartas de Pedro. Yo mismo, además de predicar el Evangelio en Jerusalén y en las otras poblaciones de Palestina, he anunciado la Buena Noticia de Jesús en Antioquía y en otras ciudades, antes de establecerme en Roma. En esta ciudad escribí dos cartas, que se encuentran recogidas en la Biblia. En ellas pongo por escrito algunas de las enseñanzas que tantas veces he predicado: Invito a los cristianos a tener siempre presente a Cristo en sus vidas, a aprender de su conducta, a imitar su ejemplo, a no desviarse de su enseñanza, a perseverar en la fe, con la esperanza de la manifestación gloriosa de Cristo como Salvador y Juez al final de los tiempos.

“Tened todos el mismo pensar. Sed compasivos, fraternales, misericordiosos y humildes. No devolváis mal por mal, ni ofensa por ofensa. Al contrario, bendecid siempre, porque habéis sido llamados a heredar una bendición… Dad gloria a Cristo, el Señor, y estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida explicaciones… Amaos intensamente unos a otros, pues el amor alcanza el perdón de muchos pecados. Practicad de buen grado la hospitalidad. Cada uno ha recibido un don. Poned vuestros dones al servicio de los demás, como buenos administradores de la gracia de Dios” (1Pe 3,8; 3,15; 4,8ss). “Siempre os recordaré estas cosas, aunque ya las sepáis, porque es mi deber manteneros alerta con mis consejos… Procurad vivir en paz con Dios, limpios y sin faltas en su presencia, considerando que en la paciencia de Dios está nuestra salvación” (2Pe 1,12; 3,14).


Martirio de Pedro. Basílica Vaticana. He vivido muchos años al servicio de Jesucristo, desde que le conocí en mi juventud, junto al lago de Galilea. Dejé todo lo que tenía para seguirle y le acompañé en sus viajes, muy atento a todo lo que Él hacía y decía. Es verdad que negué al Maestro el día de su pasión, pero su perdón es más grande que mi pecado y su amor es más grande que mis faltas. Su misericordia y mis lágrimas lavaron mi pecado.

Tuve ocasión de dar público testimonio de mi fe en Jesucristo durante la persecución del emperador Nerón contra los cristianos. Fui crucificado boca abajo en el circo de Nerón, en la colina vaticana. Mis restos mortales fueron sepultados muy cerca, en un lugar que pronto se convirtió en meta de peregrinaciones y sobre el que hoy se levanta una de las basílicas más bellas e importantes de toda la cristiandad. Así se cumplió lo que Jesús me había anunciado, después de su resurrección: “Te aseguro que, cuando eras joven, tú mismo te ceñías el vestido e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y será otro quien te ceñirá y te conducirá adonde no quieras ir” (Jn 21,18).

Soy considerado el primer Papa de la historia y los obispos de Roma son mis sucesores, encargados de velar por la unidad de todos los creyentes y por la integridad de la fe en la Iglesia. Pescador de hombres, apóstol, Roca sobre la que Jesús fundó su Iglesia, primer Papa… Sí, ese soy yo, Pedro.

1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho esta serie de entradas sobre san Pedro. ¿Podría hacerla sobre otros santos de manera que los conozcamos de manera sencilla pero profunda (como en este caso)? Vicente

    ResponderEliminar