Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 28 de junio de 2012

Vida y mensaje de san Pedro (6)

Pentecostés y predicación de Pedro. Jesús resucitado se nos apareció durante cuarenta días, explicándonos con paciencia los misterios del Reino de Dios, ayudándonos a comprender todo lo que antes nos parecía tan confuso. Nos prometió que, en el momento oportuno, nos enviaría su Espíritu Santo, para que pudiéramos vivir como verdaderos discípulos suyos.

El día de Pentecostés, estábamos reunidos con María, cuando escuchamos un ruido fuerte, como el de un viento que golpeaba los muros. Entonces quedamos llenos del Espíritu Santo, como Jesús nos había anunciado. A pesar de lo miedosos que habíamos sido todos, ese día nos sentíamos llenos de valor y nos decidimos a anunciar el Evangelio en el mundo entero. Yo mismo comencé a predicar en Jerusalén que Jesús había resucitado y que Dios Padre lo ha constituido Señor y Juez de los vivos y de los muertos. Ese día se convirtieron muchas personas, que recibieron el bautismo (Hch 2,1-41).



Las autoridades de Jerusalén estaban disgustadas, porque anunciábamos la resurrección de Jesús, al que ellos habían crucificado. Por eso nos prohibieron hablar en nombre de Jesús y anunciar su Evangelio. Yo les dije que tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres y que no dejaremos de dar testimonio de lo que hemos visto y oído (Hch 4,1-21). Aunque nos maltrataban y metían en la cárcel, ya nunca más tuvimos miedo.

Bautismo del primer pagano. Al principio predicábamos solo a los judíos, pero un día que yo me encontraba visitando a los hermanos de Jafa, tuve una visión: un mantel grande, lleno de animales de toda especie y una voz me invitaba a comer de ellos. Yo respondí que nunca he comido alimentos impuros, no preparados según nuestras leyes. La voz me dijo: “lo que Dios ha hecho puro, no lo consideres tú impuro”. Y el mantel desapareció. Estaba pensando qué podían significar estas palabras, cuando vinieron unos hombres enviados por un centurión romano, que quería conocer nuestra doctrina. Yo les acompañé a Cesarea Marítima. Normalmente, los judíos no entramos en la casa de los que no son de nuestra raza, porque los consideramos impuros. Pero, cuando vi la fe de Cornelio y de su familia, comprendí el sentido de la visión: Dios no hace distinción de personas, sino que acoge a todos los que obran con rectitud, sean de la nación que sean. Les expliqué todo lo relativo a la vida, muerte y resurrección de Jesús y ellos recibieron el bautismo (Hch 10,1ss).

Cuando les conté estas cosas a los hermanos de Jerusalén, daban gloria a Dios conmigo, porque ha llamado también a los paganos para que reciban la salvación. Pablo y otros hermanos hicieron una gran labor de anuncio del Evangelio y de fundación de nuevas Iglesias en todos los pueblos del mundo conocido. Hoy, nuestra Iglesia Católica está extendida por los cinco continentes, y pertenecen a ella hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación (Ap 7,9).

1 comentario:

  1. Estoy disfrutando mucho con esta presentación del apóstol san Pedro. Gracias. Juan

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