Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 27 de junio de 2012

Vida y mensaje de san Pedro (5)

Negación de Pedro y muerte de Jesús. Lo más duro fue cuando nos anunció que uno de nosotros lo iba a traicionar y que moriría abandonado de todos. Yo le dije que nunca le dejaría, que estaba dispuesto a ir a la cárcel y a la muerte con Él. Lo decía con todo mi corazón, convencido de que mi amor por Él me ayudaría a superar todas las pruebas. Pero Él me dijo: Esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces” (Mc 14,27-31). No me atreví a replicar ni a decir nada más. Desde allí nos fuimos al huerto de los Olivos. Era de noche. Jesús oraba y los demás estábamos adormilados. De repente, llegaron unos guardias con armas y antorchas, guiados por Judas. Yo intenté defender al Maestro con mi espada, pero Él me pidió que la guardara. Entonces, se lo llevaron preso y todos huimos, muy asustados (Mt 26,47-56).

Mientras juzgaban a Jesús en casa del Sumo Sacerdote Caifás, yo estaba en el patio, para ver lo que pasaba. Una criada me reconoció y empezó a decir a todos que yo era uno de sus discípulos. Me entró miedo y lo negué por tres veces. Al rato, cantó un gallo. Yo me acordé de las palabras de Jesús y, saliendo a la calle, lloré amargamente (Mt 26,69-75). Cuando crucificaron a Jesús, no me atreví a acercarme. Estaba tan confundido y tenía tanto miedo que no sabía cómo actuar. Me conformé con mirar lo que sucedía desde lejos y a escondidas (Lc 23,49).

Apariciones de Jesús resucitado y Primado de Pedro. Al morir Jesús, todos le abandonamos: unos volvieron a sus pueblos y otros permanecimos escondidos en Jerusalén. Todos estábamos asustados. Solo su madre, Juan y un grupo de mujeres, permanecieron junto a la Cruz y asistieron a su entierro. Como las puertas de la ciudad permanecían cerradas durante todo el sábado, tuvieron que esperar a que las volvieran a abrir el domingo al amanecer, para ir a rezar ante su sepulcro. Los demás seguíamos sin salir a la calle, llenos de miedo. De repente, las mujeres volvieron locas de alegría, diciendo que habían visto a Jesús resucitado. Yo fui corriendo hasta la tumba, pero a Él no le vi. Cuando aquella tarde estábamos todos reunidos, con la puerta cerrada, apareció Él. ¡Estaba vivo!  Nos deseó la paz y nos dijo: “Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros” (Jn 20,1ss). Nos quedamos temblando de agradecimiento. No solo no nos abandonó, como nosotros habíamos hecho con Él, sino que nos ofreció su perdón y volvió a confiar en nosotros.

Unos días más tarde, mientras pescábamos en el lago de Galilea, se nos apareció de nuevo. Jesús me preguntó tres veces: “Pedro, ¿me amas?”. Yo, consciente de que le había negado tres veces, le dije llorando: “Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero”. Él me encargó: “Apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-17). Entonces me acordé de lo que Jesús me había dicho la noche antes de su muerte: “Pedro, he rezado por ti, para que tu fe no sucumba. Cuando te recuperes, confirma en la fe a tus hermanos” (Lc 22,32). Ahora empezaba a comprender la misión que Jesús me tenía preparada.

5 comentarios:

  1. Estos relatos de S. Pedro los habre escuchado miles de veces a lo largo de mi vida, pero al leer la entrada de hoy, me he visto tan identificada con ella, que al final se me han saltado las lagrimas y le pido a Dios que interceda siempre en mi vida para que mi fé tampoco sucumba. Gracias P. Eduardo

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  2. Gracias a Dios, el Señor solo nos pregunta como a Pedro: ¿Tú me amas? Por eso dice san Juan de la Cruz que a la tarde seremos examinados en el amor. En eso, tengo aún mucho que aprender...

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    1. Su gran humildad y amor a Dios, dedicando su vida son un gran testimonio para todos. Dios le bendiga en toda su labor.

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  3. En modestia y humildad, no hay quien le gane. En amor a Dios, dedica su vida, Dios le bendiga toda su labor.

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  4. Espero que esas cosas que dicen sobre la humildad sean referidas a san Pedro, porque lo que es yo (por desgracia) estoy muy lejos de esas cosas. Con la oración de tantas personas buenas quizás un día lo consiga. Un abrazo.

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