Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 25 de junio de 2012

vida y mensaje de san Pedro (3)

Jesús y los doce. Éramos muchos los discípulos de Jesús, que le acompañábamos a todas partes, muy atentos a sus enseñanzas: María Magdalena, Matías, Salomé... Una vez Jesús pasó toda la noche en oración. Por la mañana instituyó a doce, a los que llamó “apóstoles” (que significa “enviados”). Nosotros sabíamos bien que, en el Antiguo Testamento, Dios hizo alianza con los doce hijos de Jacob, que dieron lugar a las doce tribus de Israel. Comprendimos que, al elegir a doce apóstoles, estaba anunciando una nueva alianza con un pueblo de Israel renovado, y que eso comenzaba con nosotros. Nos dimos cuenta de que su elección conllevaba una gran responsabilidad. Estos son los nombres de sus elegidos:


Yo, Simón Pedro, Andrés, mi hermano, Santiago, hijo de Zebedeo (también llamado Santiago el Mayor, Jacob y Jaime, que todo es lo mismo), Juan, su hermano (el más joven de todos), Felipe de Betsaida, Bartolomé de Caná (llamado también Natanael), Tomás (llamado el Mellizo), Mateo, el publicano (también llamado Leví, era recaudador de impuestos para los romanos), Santiago de Alfeo, Judas Tadeo, Simón Cananeo (el “Zelote” o guerrillero) y Judas Iscariote, el que traicionó a Jesús (Lc 6,12-16). En varias ocasiones nos dijo que “el que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe a mi Padre, que me envió” (Mt 10,40).

Confesión de Pedro y promesa de las llaves. En cierta ocasión nos acercamos a una gran ciudad pagana, situada al norte de Israel, donde nace el río Jordán, llamada Cesarea de Filipo. Allí, junto a la fuente, Jesús nos preguntó: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?”. Le dijimos la verdad: “unos creen que eres un santo y otros que estás endemoniado; unos dicen que eres un profeta y otros, que un fanfarrón”. Después de eso, nos preguntó: “¿y vosotros?, ¿quién soy yo para vosotros?” Se hicieron unos momentos de silencio. Cada uno tenía que pensar bien y responder por sí mismo. Yo me armé de valor y le dije con todo mi corazón: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Entonces Jesús añadió: “Dichoso tú Simón, hijo de Juan porque eso no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en el cielo”. Además, me cambió el nombre antiguo por uno nuevo. Me dijo que ya no me llamaría “Simón”, sino “Pedro”, que significa “piedra”. Finalmente, añadió: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y ni el demonio la podrá destruir. Te daré las llaves del Reino de los cielos y todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mt 16,13-20). Yo no podía comprender por qué me eligió a mí para una misión tan importante, pero me sentí muy honrado por su confianza y le dije que podía contar conmigo para todo lo que Él quisiera.

1 comentario:

  1. Es un verdadero placer seguirle diariamente,lo hace todos los temas amenos y siempre se aprenden cosas. Los relatos de S. Pedro me han gustado mucho la forma de expresarlos, parecen que nos lo esta contando el mismo de una manera sencilla, como supongo seria su lenguaje. Una vez mas gracias por esta forma nueva de evangelizar.

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