Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 25 de mayo de 2012

Para sonreír

Al padre Luis Aróstegui (que fue general de la Orden) le gusta contar una anécdota de sus años mozos. Resulta que un jueves de verano los novicios salieron de paseo al campo. Uno de ellos, llamado Miguel, estaba más hablador que de costumbre y no paraba de decir frases piadosas, vinieran o no vinieran a cuento. Veían unas ovejas pastando y recitaba el salmo “El Señor es mi pastor, nada me falta”. Un poco más allá, un labrador le movía a recordar la parábola de la semilla que tiene que dar fruto en nuestras vidas. Unas florecillas junto al camino le sirvieron para hablar de los lirios del campo que no hilan, pero ni Salomón con todo su esplendor se vistió como uno de ellos. Después de un par de horas y de muchas intervenciones más, sus compañeros le pidieron que se callara y les dejara tranquilos por un rato.

En el noviciado de Larrea el comedor estaba en la planta baja y tenía una puerta que daba a la huerta. Hacía calor y la dejaron abierta durante la cena. Como era costumbre, un lector proclamaba unos textos desde el púlpito mientras los demás cenaban en silencio. En esto entró en el comedor el burro que usaban para el servicio doméstico, con el natural alboroto de todos los presentes, especialmente de los novicios, que eran todos jóvenes. Una vez que consiguieron sacar al burro del refectorio, el prior dio permiso para que se siguiera hablando, ya que era imposible volver a recogerse. El único que seguía en silencio era el hermano Miguel, por lo que alguno le dijo: “No has parado de hablar en toda la tarde y ahora estás en silencio; ¡di algo!”. A lo que él respondió: “Yo solo puedo repetir lo que ya dijo san Juan: Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”.

Todos rieron con ganas por la ocurrencia. En fin, que ese día el hermano Miguel estaba inspirado. Que tengáis una buena jornada. ¡Sed felices!

4 comentarios:

  1. Bien necesito lo que he hecho, que es encomendarme al Espíritu Santo, y rogarle que de aquí en adelante hable por mí (Teresa de Jesús, IV Moradas 1, 1).

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  2. ¡¡¡También me arrancó la risa con ganas!!! Vaya que era un novicio ocurrente y oportuno, jajajajaja. Gracias por compartir tan linda historia.
    En comunión de oraciones
    MariCris de Jesús Ocds

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