Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 28 de mayo de 2012

Mes de las flores

Durante mi infancia, cada tarde en la escuela hacíamos el mes de las flores delante de un altarcito con una imagen de la Virgen María. Se empezaba con el Venid y vamos todos... se ofrecía una flor a la Virgen y se decía una poesía o una oración. Como conclusión se entonaba otro canto mariano. Se tenían gestos similares en todas las iglesias. Recojo para los nostálgicos la canción que tantas veces entonamos cuando éramos niños y lo acompaño de la meditación para el día de hoy compuesta por el beato Francisco Palau (1811-1872) en un librillo que se titula precisamente Mes de María.




Día veintiocho de mayo: La violeta

1. La violeta es una flor que si bien no viene en el mes de mayo, pero se nos anticipa para darnos noticia que se pasaron los hielos, se derritieron las nieves, y que está próxima la estación bella de la primavera.

2. La modestia. Esta virtud, compañera de la templanza, mantiene en el ánimo su compostura interior y en el cuerpo la exterior contra su tendencia a honores, glorias, dignidades, grandezas, ciencias, ornato exterior del cuerpo, gestos y movimientos en las diversiones lícitas.

La violeta esconde su flor entre las hojas: la modestia cubre con sus actos externos lo que siente y tiene de grande, y se presenta a los ojos de los demás como una flor pequeña, pero muy aromática, y es la primera que nos anuncia el buen tiempo y las delicias de que gozará en el paraíso el hombre modesto y ordenado en todos sus ímpetus interiores y gestos exteriores.

3. La modestia en María. Ni antes de ser elevada a la altísima dignidad de Madre de Dios y de Reina de los cielos y tierra ni después tuvo María en su ánimo movimiento alguno que la descompusiera, desarreglara ni desordenara. Lo que tenía de Dios, lo ordenaba a Dios, y lo que tenía de propio, lo atribuía a sí misma.

4. La flor a María. Le vas a presentar hoy la modestia, esto es, un todo ordenado y bien compuesto en el alma y en el cuerpo. Entumecerse, hincharse y ensoberbecerse es tomar una figura espiritual monstruosa. Evita esta descompostura y al poner tu flor en manos de María, dile: Señora: Por la presentación de este mi ramillete yo me comprometo hoy a guardar siempre modestia interior y exterior. Recibid una flor que tanto Vos amasteis: aceptad mis resoluciones y haced que tengan fuerza y eficacia. Amén.

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